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sábado, 17 de agosto de 2013

Si, de Rudyard Kipling

Si guardas en tu puesto la cabeza tranquila,
cuando todo a tu lado es cabeza perdida;
si esperas en tu puesto, sin fatiga en la espera;
si, engañado, no engañas;
si no buscas más odio que el odio que te tengan...

Si eres bueno y no finges ser mejor de lo que eres;
si al hablar, no exageras lo que sabes y quieres;
si sueñas, y los sueños no te hacen su esclavo;
si piensas y rechazas lo que piensas en vano;
si tropiezas con el triunfo, si a la cumbre llega tu derrota
y a estos dos impostores los tratas de igual forma.

Si logras que se sepa la verdad que has hablado,
a pesar del sofismo del orbe encanallado;
si vuelves al comienzo del trabajo perdido,
aunque esta obre dure toda tu vida;
si arriesgas al momento y lleno de alegría
tus ganancias de siempre a la suerte de un día,
y pierdes y te lanzas de nuevo a la pelea, 
sin decir nada a nadie de lo que es y lo que era.

Si logras que nervios y corazón te asistan,
aun después de su fuga de tu cuerpo en fatiga,
y se agarren contigo cuando no quede nada,
porque tú lo deseas y lo quieres y mandas;
si hablas con el pueblo y guardas tu virtud;
si marchas junto a reyes a tu paso y tu luz;
si nadie que te hiera llega a hacerte una herida;
si todos te reclaman y ninguno te precisa.

Si llenas un minuto envidiable y certero
de sesenta segundos que te lleven al cielo...
tuyo es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más, serás un hombre, hijo mío.