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domingo, 15 de noviembre de 2015

Pensemos con el corazón

Conmocionado todavía por los atentados de París y asustado por las posibles consecuencias de estos repulsivos actos voy a utilizar, como siempre, este espacio como salida de escape.

Lo primero que me gustaría hacer es sumarme al dolor de todas las víctimas y de sus familiares y amigos, tanto de Francia como del Líbano, donde también sufrieron un terrible atentado el 13-N.

En segundo lugar, quiero expresar, sin que haya malentendidos, mi "alegría" por ver a tantas personas unidas, ofreciendo su casa, su coche, sumándose todos, formando uno contra el enemigo común que representa el odio de unas personas miserables. Me hace recuperar la fe en la humanidad, en que todavía hay gente buena, sensible y llena de amor por el mundo. 
Aprovecho para darnos un tirón de orejas general a todos, pues estos atentados nos han noqueado por completo y sin embargo las tragedias en el Líbano, Siria y en otros muchos países del globo pasan mucho más desapercibidas. Supongo y entiendo que es una reacción natural que nos preocupemos más de lo que pasa cerca de nuestra casa que de lo que pasa dos calles más abajo pero debemos tratar de sensibilizarnos con todo aquel que sufra, esté donde esté, pues eso también es humano. 

En tercer lugar, me gustaría tratar de aportar mi granito de arena a evitar que la xenofobia se extienda por Occidente y culpemos de los actos terroristas a gente tan inocente e indefensa como nosotros ante estos ataques. En estos dos días he oído y leído auténticas barbaridades que me dan asco y vergüenza. Solo pido reflexionar profundamente sobre lo ocurrido, y que tengamos en cuenta que nunca nadie ha apagado un incendio con gasolina ni tampoco con más fuego.

Son momentos muy difíciles, muy duros para todos, y por eso actuar con cierta "frialdad" es difícil, pero hay que buscar soluciones pacíficas al conflicto. Hay que perseguir de forma implacable a estos asesinos, investigar, buscarlos allá donde se escondan pero nunca nunca nunca bombardear ni arrasar países/regiones aleatoriamente, pues por un lado mataríamos inocentes, y por otro, generaríamos el caldo de cultivo perfecto para que nacieran nuevos radicales que se sumaran a cualquier grupo terrorista.
Sin eximirlos de ninguna culpa, pues lo que han hecho, lo que hacen y lo que seguirán haciendo no tiene justificación, los que se suicidaron son las primeras víctimas. Personas que los verdaderos culpables adoctrinaron desde niños o que no tenían un rumbo en la vida y fueron hábilmente manipulados. Personas que han entregado su vida, de valor incalculable, a cometer atrocidades contra otros seres humanos, a crear miedo, horror, a destrozar otras vidas...

Por favor, seamos prudentes, pensemos con el corazón. Una vez más, he escuchado la palabra utopía cuando he tratado de defender que esto no se gana con las armas, pero la realidad es que la solución a cualquier conflicto es que todos luchemos por construir pequeños espacios utópicos llenos de paz y amor que se sumen unos a otros y acaben siendo tan grandes que no haya ni un solo resquicio de rencor ni de odio. A gran escala, solo, no voy a poder solucionar nada, pero si alguien más se atreviera y tratara de sacar y expresar todo el amor que lleva dentro, sí. Además, fomentando el odio hacia otros seres humanos por su color, raza o religión las cosas solo pueden empeorar.

Por último, también me han dicho que si alguno de mis familiares hubiera fallecido no pensaría lo mismo, y quizá tengan razón, no lo sé, y espero no verme en esa situación. Eso sí, si en algún momento me ocurriera alguna tragedia similar, que ya digo que espero que no, ojalá fuera capaz de mantener este mismo mensaje. Sería una forma de comprobar si me creo lo que digo o hablo por hablar. Superar el odio o el rencor es una materia harto difícil, y dice mucho y bueno de quien lo consigue.

Ojalá todo el mundo construyendo utopías. Mejorar el mundo está en nuestras manos. Por desgracia, romperlo en pedacitos también. No entremos en el juego del terror.




sábado, 6 de junio de 2015

La gente bella no surge de la nada

"Las personas más bellas con las que me he encontrado son aquellas que han conocido la derrota, conocido el sufrimiento, conocido la lucha, conocido la pérdida y han encontrado su forma de salir de las profunidades. Estas personas tienen una apreciación, una sensibilidad y una comprensión de la vida que los llena de compasión, humildad y una profunda inquietud amorosa. La gente bella no surge de la nada".
 Elisabeth Kubler-Ross           

martes, 24 de febrero de 2015

¡A soñar!

Hoy, que Google nos recuerda que sería su cumpleaños, os dejo con una cita de Rosalía de Castro.
“No importa que los sueños sean mentira, ya que al cabo es verdad que es venturoso el que soñando muere, infeliz el que vive sin soñar”.
¡A soñar!

viernes, 17 de octubre de 2014

Busca las 7 diferencias

Caminando por la vida nos encontramos con muchas personas: algunas parecidas, todas diferentes. Y son estas personas las que nos ayudan a aprender a recorrer el camino. Son ellas las que nos sirven de apoyo y también las que nos ponen a prueba. 

A lo largo de mi vida he conocido a gente de diferente raza, religión e ideología. Y me he dado cuenta de lo que abusamos constantemente de los prejuicios. Cuidadito con aquel que es..., Ojo con este que piensa...Y eso si son observaciones sin faltas de respeto, que muchas otras veces van acompañadas de insultos.

¿Por qué nos empeñamos siempre en ver lo que nos diferencia a unos de otros y no en lo que tenemos en común? 

Ay amigos, si todos nos paráramos a pensar, antes de juzgar a nadie, que enfrente no tenemos a un musulmán/homosexual/negro/católico/sudaca/mujer sino a una persona. Cuántos problemas evitaríamos tratando a todo el mundo con la dignidad de un ser humano, que es lo que, por encima de todo, somos.

Por mi parte, estoy orgulloso de haber dado cabida en mi vida a tanta gente tan diferente pero igual al mismo tiempo, y aún así, hay momentos en los que no evito los prejuicios. En esos instantes (son momentos muy cortitos), juego a buscar las 7 diferencias en la siguiente imagen y se me pasa:

Imagen cogida de http://lifeinahouseoftestosterone.com/2014/04/wordless-wednesday-post/10153771_10202886409778504_5944585245844641393_n/

viernes, 13 de junio de 2014

El niño que sobrevivió

Seguramente a todos los que habéis disfrutado con la saga de Harry Potter, es lo primero que se os ha venido a la mente tras leer el título de la entrada. Y es que sí, hace hoy 13 años, además del mago, hubo un muggle que también sobrevivió. 

Todo empezó en mayo, un domingo de madrugada, cuando una dolencia abdominal sencilla de subsanar se convirtió en algo grave por la falta de costumbre de un equipo médico. Error que otro equipo, bautizado como San UCI, pudo arreglar posteriormente. Y este muggle, también como Harry, quedó marcado por alguna que otra cicatriz. Mucho más molonas, por qué no decirlo, que una vulgar cicatriz con forma de rayo. Las suyas podían parecer un ataque de un tiburón.

Pasaron varias semanas, en las que el niño no era consciente del peligro que corría su vida, mientras familiares y amigos veían sobre su cabeza la espada de Damocles. Muchos rezos, abrazos y palabras de ánimo. Cualquier cosa por intentar alentar a sus padres, desesperados por perder a su amado hijo. Éste, como todos sus seres queridos, no perdió la fe, y con total naturalidad, respondía a los cirujanos "que me rasquéis la espalda" cuando le preguntaban si quería algo. 

Su padre - ay, su padre - abanicaba a su hijo cuando tenía calor, y terminaba por abanicarse él mismo en cada ocasión. Quizá pensaba que esas pequeñas oleadas de aire fresco le despertarían de la pesadilla real que estaba viviendo. Y cuánto le hizo sufrir el chiquillo, ya no solo por la propia enfermedad, sino porque descargaba en él su frustración: me río yo del santo Job.

Por otro lado, su madre veía signos de recuperación donde los expertos veían empeorar la situación. Si su engaño era por mantenerse en pie, o porque creía realmente en el restablecimiento de su hijo, quizá ni ella misma lo sabrá nunca. Ay, la denostada esperanza, cuántas veces nos ayuda a salir victoriosos de las más feroces batallas.

Finalmente, cuando desapareció el estado de alarma, cada cuál tenía sus deseos. El niño, por un lado; los médicos y sus padres, por otro. El niño, que quería salir de allí. Los otros, que se recuperara lo mejor y lo más rápido posible. Y así fue como los médicos le pedían día tras día que se levantara de la cama y paseara por los pasillos del hospital. Y así fue como su madre, mucho más habilidosa que los primeros le decía:
- Cariño, levántate de la cama, que te voy a lavar la cara, a peinar y a ponerte colonia. Y te sentaremos en el sillón hasta que lleguen los médicos, para que vean que estás perfectamente. Y tú, cuando entren, sonríe, para confirmarles que estás bien. ¿No ves que si te ven bien pensarán que estás curado y te mandarán antes a casa? 
Y el niño, como cualquier otro, confiaba en la palabra de su madre, y a pesar del esfuerzo que le suponía hacerlo cada mañana, y de las numerosas decepciones que se llevó esperando un alta que no llegaba, siguió levantándose cada mañana. Y del sillón a las caminatas. Y después a la cama. Y su madre, sabedora del engaño, consiguió que su hijo, durante esas últimas dos semanas, se levantara cada día con la ilusión de ponerse guapo y recibir el alta.

13 AÑOS DESPUÉS

Ayer, tras el partido inaugural del Mundial más caro de la historia, celebrado en un país no precisamente en una situación económica boyante, pensé en todas estas cosas. Pensé en la suerte que tuve de haber nacido en un país desarrollado, en el seno de una familia de clase media, con lo que nunca me ha faltado de nada: ni amor, ni comida. Pensé en la cantidad de niños muriéndose allí de hambre, mientras los políticos y amigos constructores de los mismos, se habrán embolsado cantidades ingentes de dinero a costa de terminar de arruinar el país. 

Y después volví aquí, donde también hay mucha gente viviendo en la miseria, donde también se construyen aeropuertos e infraestructuras deportivas con un dinero que no tenemos. Donde los bancos son rescatados a costa de las personas, donde la educación y la sanidad públicas están amenazadas. Sí, esa sanidad que me salvó la vida, ya que el coste de las múltiples operaciones y atención médica hubiera sumido a mis padres en la ruina. Esa sanidad y educación que deben ser garantizados, a los que todo el mundo debe tener acceso. 

Y me enciendo cuando veo que nos preocupamos más de que 4 personas, muertas de hambre, salten una valla buscando no ya una vida mejor, sino simplemente poder vivir, mientras justificamos los despilfarros de otros 4, preocupados única y exclusivamente de ganar unas elecciones (ergo de salvarse a sí mismos). Y no solo justificamos sus despilfarros, sino los recortes en sanidad y educación, que son bienes universales, para todos.

Hoy, nosotros, ahora, no podemos arreglar el mundo. Pero hoy, si nos concienciamos, si educamos a nuestros hijos en la honestidad, la bondad y la justicia, su futuro será un poquito mejor. Y el de sus hijos, más. Hasta que llegue un día en el que, gracias a la semillita que nosotros plantamos un día muy muy muy lejano, se podrá celebrar un Mundial de fútbol en cualquier país del mundo sin que nos echemos las manos a la cabeza. Y no tendremos que recurrir a la caridad, que no es más que un parche que nunca solucionará el problema real. 

Hoy, nuestra obligación es luchar por sentar las bases que nos permitan formar a esas personitas que tantas ganas tienen de ir hoy al cole, para que en un futuro, ese mundo utópico con el que todos soñamos se haga realidad. Utopía hoy, no mañana.


miércoles, 7 de mayo de 2014

No esperes

Hay días, semanas, meses e incluso años en los que no te sientes inspirado. Ya sea por falta de tiempo o por falta de reflexión, llevo varias semanas sin poder centrarme para escribir una entrada "decente" para el blog. Pero no pasa nada, porque por suerte, me rodeo de gente reflexiva y sensible. Gente que aparentemente solo sabe hacer reír (que no es poco) o hacer el tonto. Pero luego resulta que un buen día, cuando piensas dejar pasar la semana sin actualizar el blog, esperando inspiración divina, ésta llega súbita y fortuitamente en forma de bellísima reflexión y a modo de préstamo. Préstamo, sí. Porque hoy el blog lo actualiza Javier Miñarro (en realidad lo actualizo yo, pero él es quien hoy desnuda sus pensamientos). Él, que sirve para todo, que lo mismo te hace reír que llorar (de risa, claro), capaz de no decir nada coherente durante días o semanas completas y sin embargo, capaz de escribir algo tan delicado como lo que sigue. No cambio ni una coma. Gracias Javier ;)

No esperes a mañana para poner en marcha tus sueños. Todo eso que sueñas se hará realidad si tú quieres que se haga realidad. Rompe la barrera del miedo, salta por encima de todos los obstáculos, despliega las alas sobre el acantilado más alto y dirige tu rumbo hacia donde tú quieras, hacia los más grandes ideales que el ser humano pueda imaginar, si tú quieres, podrás tocar las estrellas. No te conformes con menos, no aceptes con una falsa sonrisa lo que impone la gente que te rodea, no seas un simple mortal más en esta marea de esclavos de ideas absurdas. No malgastes tu vida con rutinas que la sociedad espera que hagas, no camines por este mundo intentando quedar por encima de los demás, con bienes materiales, títulos de estudios y trabajos que no te llenan por dentro. La belleza se encuentra en lo diferente, sé diferente, no pases desapercibido perdiéndote entre el rebaño que no es capaz de levantar la vista al cielo. No sigas a ninguna ideología, a ningún poderoso corrupto que quiera manipular tu mente, rompe tus cadenas y ama la libertad. Descubre cada rincón del planeta, cada ser humano que sufre, cada cima de cada montaña nevada, la inmensidad de la noche en el más oscuro océano. No malgastes ni un minuto de tu tiempo, ponte en marcha ya, busca a alguien que comparta tu ideal y conquistad juntos el mundo, hacia lo infinito. Gástate, cánsate, quédate sin fuerzas, agota cada momento de aliento amando a los demás. Ama hasta que te duela el pecho, abraza a cada persona que amas porque llegará un día en el que no la podrás abrazar más. Cuando estés al borde de la muerte podrás decir: “No he perdido ni un minuto de mi tiempo, he aprovechado mi vida al máximo, puedo morir en paz y sonriendo de amor”. En ese momento estarás tocando las estrellas.

sábado, 15 de marzo de 2014

Dale al coco

La gente tiene miedo de enfrentarse a sí misma, de hacer un análisis a fondo de su alma, de sus pensamientos y actos, de si sus actuaciones les perjudican a ellos mismos e incluso a los demás...La mayoría de personas no dedica un momento a hacer una introspección, algo que sería una buena costumbre hacer cada día.

¿Por qué tenemos miedo? No lo sé, pero estoy seguro de éste es el motivo por el que simplemente nos movemos, mecánicamente, como robots. Recibimos una orden y la ejecutamos, como autómatas. Y no me refiero al tipo de orden que te da tu jefe, no, sino al tipo de orden que asimilamos a través de los medios de comunicación. Unas ideas, una forma de pensar, que escondidas detrás de titulares rimbombantes van haciendo mella, se van colando en nuestra mente, y asumimos como ciertas.

Esto es así, no hagas esto, aquél está loco, no puedes hacerlo, hacer esto está bien, no vas a conseguir nada, déjate llevar, necesitas esto: cómpralo, así es como tienes que pensar...En fin, podríamos hacer una lista muy larga de mensajes que emiten constantemente y de los que nos vamos apropiando, ¡¡¡los hacemos nuestros!!!

Párate a pensar qué haces y por qué lo haces, si lo que estás haciendo te hace bien o mal. Piensa quién puede haber detrás de cada mensaje. Qué intereses se esconden detrás de todos ellos. ¿Por qué piensas como piensas? ¿Tú opinas así o alguien ha hecho que opines así? Oye, que en la tele dicen que esto. Busca tus fuentes, infórmate, no des nada por sentado.

Aquéllos que no miran por ti, son los más interesados en hacer que no le des vueltas a las cosas, que no reflexiones. Si no ejercitas tu mente, eres más fácil de manejar. En definitiva, mi consejo de hoy es este: dale al coco.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Hoy habla Nelson Mandela

No quiero escribir más de lo necesario. Este es, simplemente, mi pequeño homenaje a este gran ser humano. Que cada uno extraiga, de sus palabras, sus propias conclusiones. ¡A reflexionar!

"He luchado contra la dominación blanca y contra la dominación negra. He perseguido el ideal de una sociedad libre y democrática donde todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y conseguir. Pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir"
(Alegato en el Juicio de Rivonia, 20 de abril de 1964)

 "Siempre parece imposible hasta que se hace"
(Cita tradicionalmente atribuida a Mandela que el propio centro de la Memoria Nelson Mandela reconoce no saber ubicar)

 "Solo los hombres libres pueden negociar (...). Vuestra libertad y la mía no pueden separarse". 
(Declaraciones de Mandela tras 21 años en prisión al renunciar a la oferta de excarcelamiento realizada por el entonces presidente, Pieter W. Botha, en febrero de 1985)

"Nadie nace odiando al otro por el color de su piel, su procedencia o religión. La gente aprende a odiar, y si pueden aprender a odiar, también pueden aprender a amar"
(De la autobiografía El largo camino hacia la libertad, 1994) 

"He descubierto que tras subir una montaña, sólo encontramos más cumbres que escalar". 
(De la autobiografía El largo camino hacia la libertad, 1994)

"Nunca, nunca, nunca más deberá volver a sufrir esta hermosa tierra la opresión de un hombre sobre otro." 
(Discurso de su toma de posesión como presidente, 10 de mayo de 1994). 

"Nunca he considerado a ningún hombre superior a mí, ni dentro, ni fuera de la cárcel".  
(Carta al general Du Preez, comisario de Prisiones, desde la cárcel Robben Island, en Ciudad del Cabo. 12 de julio de 1976).


"Aprendí que el valor no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. Un hombre valiente no es aquel que no siente miedo, sino el que se sobrepone a él".  
(De la autobiografía El largo camino hacia la libertad, 1994)


"La grandeza de la vida no consiste en no caer nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos". 
(De la autobiografía El largo camino hacia la libertad, 1994)

"Luchar contra la pobreza no es un asunto de caridad, sino de justicia". 
(Discurso en la Plaza Mary Fitzgerald de Johannesburgo, el 2 de julio de 2005, en un acto contra la pobreza).

"La muerte es algo inevitable. Cuando un hombre ha hecho lo que creía necesario por su pueblo y su país, puede descansar en paz. Creo que yo he cumplido ese deber, y por eso descansaré para la eternidad".  
(Extracto de una entrevista para el documental «Mandela», 1994).

Fuente: lavozdegalicia.es 

viernes, 1 de noviembre de 2013

Mala suerte...

Pongámonos en situación. Yo soy el profesor de esa asignatura que tanto se os atragantó en el instituto. Y allí me veis, entrando con un dado en la mano. ¿Y este hombre qué quiere?

- Chicos, os voy a proponer un juego. Vamos a hacer lo siguiente: os vais a agrupar de 6 en 6 y os vais a ordenar alfabéticamente. Yo voy a tirar este dado una vez, y sin que veáis qué ha salido, tenéis que decirme qué numero creéis que ha salido. No vale repetir número, y en función de lo cerca o lo lejos que os quedéis, os pondré mejor o peor nota en el examen final. ¿Está claro?

Madre mía, se ha vuelto loco. A ver si tengo suerte y acierto...

Pasados unos minutos, el experimento ha concluido, y vosotros no habéis salido bien parados. Os ha tocado un 2 en la nota final. Independientemente de lo que hagáis. Por mucho que os esforcéis, el profesor os ha asegurado que no va a variar vuestra nota. No podéis cambiar esto. Tendréis un 2 y punto. Y mientras tanto, vuestro compañero de pupitre, se ha llevado el 10. No tiene que hacer nada. Entregue o no los deberes, tendrá un 10. Atienda o hable en clase, tendrá el 10. De hecho, no hace falta ni que venga a clase, que va a tener un 10.

- Pero profesor, ¡no es justo!
- ¿Qué no es justo?
- Que él vaya a tener un 10 sin hacer nada y yo un 2 aunque lo haga todo y todo lo haga perfecto.
- Él ha tenido más suerte, qué le vamos a hacer...

¿Qué pensaríais si esto os pasara a vosotros? ¿Qué le pasará por la cabeza al inmigrante al que le dicen “lo siento, no puedo atenderte, es que no tienes papeles”? ¿Acaso no somos todos seres humanos? ¿Valgo yo más por haber tenido la SUERTE de nacer en un país desarrollado, en una familia con recursos? 

Las fronteras no dejan de ser artificiales, un apaño del hombre para repartirse una porción del planeta, cuando éste nos pertenece a todos por igual. No debe haber distinción entre un ciudadano europeo, asiático o africano. Todos somos ciudadanos del mundo. No podemos negar a nadie la posibilidad de prosperar, de mejorar su calidad de vida.

¿Alguien piensa que vienen aquí por gusto? Abandonan a sus seres queridos para poder COMER. Y para dar de comer a las familias que dejan atrás.

Ayudemos a esta gente, por favor. Uno solo no puede, pero muchos 'unos' sí. Ni siquiera hace falta que les demos dinero, ropa o comida, que no estaría de más. De entrada, bastaría con que todos empezáramos a tratarles como personas y no como animales.




"Hoy he soñado que todo es mentira, que en el mundo no existía desigualdad y que los niños no mueren de sida, y que no existen primeros ni últimos por extranjeros...Y de repente desperté..."

¿Por qué no soñar despiertos?

viernes, 25 de octubre de 2013

El cargador de piedras

El maestro comentaba a sus discípulos:

- Un hombre que iba por el camino tropezó con una piedra. La recogió y la llevó consigo. Poco después tropezó con otra, igualmente la cargó. Todas las piedras con que iba tropezando las cargaba. El peso lo fue encorvando y dejó de mirar el horizonte, hasta que aquel peso se volvió tan grande que el hombre ya no pudo caminar. ¿Qué piensan ustedes de ese hombre? - Pregunta el maestro a sus discípulos.

- Que es un necio -respondió uno de los discípulos-.

- ¿Para qué cargar las piedras con que tropezaba? - dijo otro discípulo-.

Entonces el maestro concluyó:

- Eso es lo que hacen aquellos que cargan las ofensas que otros les han hecho, los agravios sufridos, y aún la amargura de las propias equivocaciones. Todo eso lo podemos dejar atrás, y no cargar las pesadas piedras del rencor que poco a poco nos van quitando la vista de nuestro horizonte, o sea, de nuestra esperanza. El peso nos encorva y deforma nuestra espalda y con ella nuestra vida y nuestras ilusiones. Si hacemos a un lado esa inútil carga, si no la llevamos con nosotros, nuestro camino será más ligero, nuestro paso más seguro y nuestra esperanza estará siempre a la vista.

Fuente: www.psicanica.com

Otro de los secretos para ser feliz: aprender a perdonar.


sábado, 12 de octubre de 2013

El mendigo de la esquina

Como todos los días, al salir del trabajo, pasé por delante del "mendigo de la esquina", como lo llamábamos en la factoría. Pero hoy no era un día cualquiera. Hoy era un mal día. Acababan de anunciar un ERE en nuestra empresa, y yo tenía todas las papeletas para terminar de patitas en la calle.

No sé qué me pasó ese día. Quizá vi mi futuro próximo, y eso no me gustó un pelo. “Tengo 2 hijos. Mi mujer y yo estamos en el paro y nos han desahuciado”, rezaba su cartelito de cartón. Llevaba meses leyendo el mensaje y viéndole la cara, aunque hasta este nefasto día, no me había parado frente a él, absorto en mis pensamientos.

Uno nunca sabe de lo que es capaz de hacer en situaciones críticas. El ser humano, en ocasiones, cruza líneas que nunca se habría visto capaz de sobrepasar. Así que allí estábamos los tres: el mendigo, mi egoísmo y yo.

La idea de acabar como él me turbaba en exceso, supongo que como a cualquier hijo de vecino, e imagino que esto fue lo que incitó mi momento de locura. No recuerdo cuántas puñaladas le asesté, pero acabé con él de forma rápida y eficaz. Fue una muerte que llevaba gestándose mucho tiempo, desde que le vi por primera vez. Solo necesité un último empujón: la desazón.

Necesité verme reflejado en aquel hombre y compartir su desesperación para mover ficha. Sé que es triste, quizá vergonzante, pero así es como sucedió. No he sido nunca una persona que destaque por su empatía ni por su solidaridad. Más bien al contrario. Siempre he pecado un poco de arrogancia y avaricia, pero como ya digo, ese día todo cambió.

Ayudé al indigente a ponerse de pie, le llevé a mi casa, le di de comer, le lavé de los pies a la cabeza y le vestí con mi ropa. Le pregunté, entretanto, qué sabía hacer. Y sin más, salimos a la calle, a buscarle un trabajo "de lo suyo". Y lo encontramos. Ramón era carpintero, y mi hermano fabricaba muebles.

¿Que qué aprendí ese día? Que tenemos el poder de cambiar las cosas, de transformar nuestros días malos en días maravillosos para otros...e indirectamente, para nosotros mismos.

Como siempre, en la ficción, las cosas son más fáciles que en la realidad, pero quizá solo sea una cuestión de fe. De creer que cualquier empujoncito que podamos dar puede ayudar. No hace falta recoger a gente por la calle, subirla a tu casa, darle de comer, ropa y ayudarles a encontrar trabajo. Una sola persona no puede hacer todo eso, y además, la caridad es perfecta para sobrevivir, pero no para vivir. Debe ser un complemento.

Sin embargo, sí podemos defender sus derechos defendiendo los nuestros. Todos juntos. Pelear para que se terminen las injusticias sociales. ¿Por qué tenemos que apretarnos un cinturón que muchos banqueros y políticos ni siquiera llevan puesto?

No lo olvidéis, y sobre todo, no esperéis a veros en la indigencia para luchar por lo que es justo.

sábado, 24 de agosto de 2013

¿Cuál es tu valor?

Un joven se acercó a su maestro en busca de sosiego:

- Maestro, me siento inseguro, nada me sale como yo quiero. Todos me dicen que soy tonto y que no sirvo para nada. Sólo me critican, sin valorar lo que hago. ¿Me podrías ayudar?

- Ahora no me es posible, muchacho -respondió el anciano-. Tengo mis propios problemas. Más bien ayúdame tú a mí a vender este anillo.

El muchacho recibió la sortija de mala gana pensando que una vez más sus necesidades pasarían a un segundo plano.

- Escucha, -dijo de nuevo el anciano- ve al mercado y ofrécelo, pero de ninguna manera lo vendas por menos de una moneda de oro.

El joven ofreció el anillo a muchas personas.

La mayoría lo desdeñaba con desprecio, unos pocos se reían y escasamente alguno llegaba a mostrar interés.

Alguien le propuso venderlo por dos monedas de plata y un candelabro de bronce, lo cual representaba menos de la mitad de lo que el maestro quería.

El muchacho llegó a la conclusión que el viejo estaba loco, y que esa gran suma que pedía únicamente podría ser el resultado de un alto valor emocional.

Dejando de lado esos razonamientos, el joven persistió haciendo lo mejor para ayudar al anciano. No obstante la tarea le parecía cada vez más difícil.

Desanimado, decidió regresar y contarle al viejo lo acontecido:

- Hice lo posible, pero aun los que parecían ser los más expertos no ofrecían una cantidad ni siquiera cercana a la que tú pides -contó el joven-.

- Tal vez tienes razón. Quizás no conozco su verdadero valor -replicó el maestro-. ¿Por qué no lo llevas donde el joyero y se lo muestras? No lo vendas por ninguna cantidad, sólo cuéntame lo que opina.

Renegando por la terquedad del anciano, el joven llevó el anillo al joyero.

Después de observarla detenidamente un rato, éste le dijo:

- Ésta es una verdadera joya. Dile al maestro que le doy 58 monedas de oro. En realidad puede costar hasta setenta, pero, si tiene prisa, ésa es mi oferta.

Cuando el muchacho, entusiasmado, le contó al viejo, éste tranquilamente respondió:

- Tú eres como una joya valiosa: Si te sientes mal no es porque los demás no te valoren, sino porque tú mismo no te valoras lo suficiente.

Fuente: www.psicanica.com

sábado, 29 de junio de 2013

Todo pasa

Hubo una vez un rey que llamó a los sabios de la corte para darles un encargo:

- Me estoy fabricando un precioso anillo de oro con un gran diamante. Abajo del diamante, quiero guardar algún mensaje que me ayudará a mí y a todo hombre en los momentos difíciles de la vida. Obviamente, tiene que ser un mensaje pequeño para que quepa en el anillo.

Todos esos sabios eran grandes eruditos. Podrían haber escrito grandes tratados sobre cualquier tema. Así que, pusieron sus mentes a trabajar.

Durante un año, pensaban y debatían. Buscaban en todos sus libros. Consultaron a otros sabios en países lejanos. Pero no podían encontrar nada. Y tuvieron que reportar su fallo al rey.

Cuando le comentaban esto, estaba presente un anciano sirviente de la familia real, conocido por su devoción al misticismo. Éste intervino diciendo:

- Oh, Majestad. No tengo estudios, no soy un erudito, ni un académico. Pero creo tener lo que le servirá.

Y el anciano místico escribió algo en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey, diciendo:

- Pero no lo leas ahora. Manténlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Eran pocos sus seguidores y numerosos los perseguidores. Se sentía desesperado y a punto de rendirse.

De repente, se acordó del anillo. Sacó el papel y allí encontró su pequeño mensaje:

"ESTO TAMBIÉN PASARÁ"

Aquellas palabras le resultaron milagrosas. Le inspiraron nueva fe y coraje. Redobló sus esfuerzos y escapó. Al fin de un año, logró reunir a sus ejércitos y reconquistó el reino.

Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital, hubo una gran celebración en el palacio con música, bailes, comida, ... El Rey presidía las festividades desde su trono, sintiéndose muy orgulloso de sí mismo.

El anciano místico se acercó y le dijo:

- Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.

- ¿Qué quieres decir? -preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso; la gente celebra mi regreso; no estoy desesperado; no me encuentro en una situación sin salida.

El anciano respondió: - Ese mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "ESTO TAMBIÉN PASARA”.

El anciano le dijo:

- TODO PASA. Ninguna cosa y ninguna emoción son permanentes. Todo viene y va como el día y la noche. Habrá momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la vida; es la naturaleza misma de la existencia.

Fuente: www.psicanica.com

jueves, 13 de junio de 2013

¡Sé lo que eres!

Os dejo con un cuento cuya lección tenemos que tener siempre en mente. Es esencial buscar y encontrarse a uno mismo para ser feliz.

Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales. Todo era alegría en el jardín; y todos ellos estaban muy satisfechos y felices.

Excepto por un solo árbol, que estaba profundamente triste. El pobre tenía un problema: no daba frutos. "No sé quién soy", se lamentaba.

- Lo que te falta es concentración - le decía el manzano -, si realmente lo intentas, podrás tener deliciosas manzanas. ¿Ves qué fácil es?

- No lo escuches - le exigía el rosal-. Es más sencillo tener rosas y ¿ves qué bellas son?


Y, desesperado, el árbol intentaba todo lo que le sugerían. Pero como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado. 

Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:

- No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la Tierra. Es tu enfoque lo que te hace sufrir. No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas. Sé tu mismo. Conócete a ti mismo. Y para lograr esto, escucha tu voz interior." Y dicho esto, el búho se fue.

"¿Mi voz interior? ¿Ser yo mismo? ¿Conocerme?" Se preguntaba el árbol desesperado. Y se puso a meditar esos conceptos. 

Finalmente, de pronto, comprendió. Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y pudo escuchar su voz interior diciéndole: "Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros y belleza al paisaje. Eso es quien eres. ¡Sé lo que eres!"

Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo, y se dispuso a ser todo aquello para lo cuál estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces todo el jardín fue completamente feliz. Cada quién celebrándose a sí mismo.

Fuente: http://www.psicanica.com

"Es tu enfoque lo que te hace sufrir. No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas. Sé tu mismo. Conócete a ti mismo."

No busques la aprobación de quienes te rodean para ser feliz. Busca lo que tú quieres ser, lo que tú quieres hacer, lo que te haga feliz a ti. Y una vez lo hayas logrado, también serán felices los que están a tu lado.

lunes, 8 de abril de 2013

No es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita

Ser feliz no consiste en acumular fama, dinero o posesiones. La idolatría a celebridades del mundo del fútbol, cine o televisión nos ha confundido a todos. Ya es hora de creerse que no es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita. Porque es verdad. 

Cierto es que tener no impide ser feliz, pero en muchas ocasiones el ansia de poseer objetos, propiedades, cosas materiales, en definitiva, nos nubla la mente. Porque existe el gran peligro de entrar en la espiral del tener. Del tener y del querer, más bien, porque cuanto más tienes, más quieres.

Y no.

Ser feliz es mucho más sencillo. Se trata de no dejarse llevar. Ser consciente de que tener más cosas no te hace más feliz. Hoy en día nos crean muchas necesidades que en realidad no tenemos. Para ser felices, precisamos distinguir las cosas esenciales de las que no lo son. Y acumular, eso sí, cosas esenciales. Coleccionarlas.

Has de perseguir las cosas que te hacen sentir, que te hacen estar vivo: el canto de un ave, un amanecer en la playa, esa persona que te abraza en un mal momento, esa canción que te conmueve, aquél o aquélla que te hace reír, aquéllos que te cuidan cada día, esa persona en la que piensas siempre antes de dormir y nada más despertar...

Salta, corre, canta. Expresa tus emociones, tus sentimientos. Líbrate de la esclavitud de tus posesiones. Rompe las cadenas que te atan a tus cosas, sintoniza con la naturaleza y refuerza los lazos que te unen a las personas que te rodean.

La consecuencia natural será tu felicidad, y como corolario, la de los que se encuentran a tu lado.


domingo, 10 de febrero de 2013

Miremos el mundo con otros ojos


La verdad es que los anuncios de Coca-Cola no suelen tener desperdicio, pero éste en particular me parece una maravilla. Y es que, al igual que las cámaras de seguridad, cuyo objeto de colocación no es otro que "cazar" delincuentes, sirven para ver lo bueno de las personas, también nosotros podemos y debemos ser capaces de convertir aquellas cosas que otros conciban para hacernos daño, en algo fértil y positivo tanto para nosotros como para quien nos quiso lastimar.

domingo, 2 de diciembre de 2012

La paradoja de los monos y los plátanos

Hoy la reflexión correrá a cargo de Javier Malonda, con un artículo que colgó en su web, "javiermalonda.com", que llegó a mis manos hace un par de años y guardé como oro en paño. Sin más, aquí tenéis:

Para ilustrar la necesidad de preguntarse el por qué de las cosas, la necesidad de cuestionarse lo establecido, la necesidad de conocer las propias creencias y desafiarlas regularmente, contaré hoy la paradoja de los monos y los plátanos.

En un experimento se metieron cinco monos en una habitación. En el centro de la misma ubicaron una escalera, y en lo alto, unos plátanos. Cuando uno de los monos ascendía por la escalera para acceder a los plátanos, los experimentadores rociaban al resto de monos con un chorro de agua fría. Al cabo de un tiempo, los monos asimilaron la conexión entre el uso de la escalera y el chorro de agua fría, de modo que cuando uno de ellos se aventuraba a ascender un busca de un plátano, el resto de monos se lo impedían con violencia. Al final, e incluso ante la tentación del alimento, ningún mono se atrevía a subir por la escalera.

En ese momento, los experimentadores extrajeron uno de los cinco monos iniciales e introdujeron uno nuevo en la habitación.

El mono nuevo, naturalmente, trepó por la escalera en busca de los plátanos. En cuanto los demás observaron sus intenciones, se abalanzaron sobre él y lo bajaron a golpes antes de que el chorro de agua fría hiciera su aparición. Después de repetirse la experiencia varias veces, al final el nuevo mono comprendió que era mejor para su integridad renunciar a ascender por la escalera.

Los experimentadores sustituyeron otra vez a uno de los monos del grupo inicial. El primer mono sustituido participó con especial interés en las palizas al nuevo mono trepador.

Posteriormente se repitió el proceso con el tercer, cuarto y quinto mono, hasta que llegó un momento en que todos los monos del experimento inicial habían sido sustituidos.

En ese momento, los experimentadores se encontraron con algo sorprendente. Ninguno de los monos que había en la habitación había recibido nunca el chorro de agua fría. Sin embargo, ninguno se atrevía a trepar para hacerse con los plátanos. Si hubieran podido preguntar a los primates por qué no subían para alcanzar el alimento, probablemente la respuesta hubiera sido esta "No lo sé. Esto siempre ha sido así".

El artículo termina con una cita de Einstein: "Triste época la nuestra. Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio."

De mi propia cosecha tampoco tengo mucho más que añadir, simplemente invitar a todos los que leáis esta entrada, a reflexionar en qué aspectos o situaciones de vuestras vidas habéis sido cargados con prejuicios que no eran vuestros y que no os han permitido actuar como os hubiera gustado. 

¿No os resulta curioso que ante todo aquello que puede suponer un gran cambio positivo en la sociedad y, por tanto, en el ser humano nos sale un cartelito bien cargado de neones con la palabra UTOPÍA en mayúsculas y bien clarita?

domingo, 4 de noviembre de 2012

El amor y la lucha


Hoy quiero que hablemos del amor. Ése sentimiento tan profundo, tan embalsamador, protector y gratificante, inherente al hombre. Es un sentimiento vivo, conmovedor y vibrante. Es un afecto que los humanos podemos manifestar de maneras diversas: el amor paterno-filial, el amor fraternal, entre hermanos o entre amigos, y el amor entre dos enamorados.

Si bien la última entrada invitaba a una reflexión sobre el individualismo del hombre, quisiera centrar el debate en la otra cara de la moneda, la de la solidaridad y la entrega a los demás. Y es aquí donde entra el amor, y más concretamente, el amor fraternal. La única forma de hacer frente al egoísmo que todos, de forma más o menos aguda, sentimos en múltiples ocasiones. Ser capaces de ver más allá de un mendigo sucio y harapiento, de unos pobres desgraciados que mueren de hambre (aquí y en el tercer mundo) o de unos cuantos incautos o ingenuos que lo han perdido todo entre la desaceleración y la crisis y que ahora viven de la caridad.

Debemos ser capaces de ponernos en su lugar, de empatizar con su situación y de ayudar en la medida de lo posible. Y cuando digo ayudar, no quiero decir donar una cantidad concreta de dinero al mes, o de colaborar con un comedor social o en actividades solidarias de cualquier índole. Esto hay que hacerlo, por supuesto. Es necesario y es bastante factible para cualquiera de nosotros. Pero no es suficiente. Y no es suficiente porque no ataca a la raíz del problema.

Entonces, ¿qué es lo que hay que hacer? Luchar por los derechos de estas personas. Exigir a los que tienen el poder, que son los que pueden terminar con esto, que lo hagan. Es más fácil de lo que parece. Basta con sentirse conectado con estas personas en una situación injusta.

¿Y cómo conseguir una motivación para batallar? Mediante el amor. ¿O tú no estás dispuesto a luchar, hasta la extenuación, por alguien a quien amas?  

miércoles, 31 de octubre de 2012

Yo, yo ¿y después? Yo.

Hace unas semanas, terminé de leer un libro muy interesante para todo matemático que se precie: Planilandia. Y no solo para matemáticos, pues lleva inscrita una crítica a la sociedad de la época. Pero de esta obra de arte, hablaremos en otro momento. Hoy quería hablar con vosotros, de un fragmento del libro que he mencionado.

Voy a intentar explicar brevemente su contenido. Imaginad un mundo formado por un solo ser. Notaréis enseguida, que el propio ser es el mundo, y el mundo, a su vez, el único ser existente. Este ser, además, solo tendrá conciencia de su propia existencia, y para él, no habrá nada más fuera de sí mismo. Sin embargo, supongamos ahora que ese ser no está solo, que su mundo simplemente es un micromundo dentro de un universo mucho mayor. Pues bien, en el libro, esa escena es narrada por dos observadores, que, desde fuera, ven al ser en cuestión, como un ser ridículo. ¿Cómo puede pensar que solo existe él? ¿Cómo puede considerarse a sí mismo un dios, si no es consciente ni de que no está solo?

Muy bien. Ahora lanzo mi pregunta. ¿No os suena de algo? ¿No conocéis a nadie así? A todos nos incomodan las personas egocéntricas, aquellas para las que el mundo gira a su alrededor. Estiremos más el hilo, ¿qué es lo que ha hecho el ser humano desde que es consciente de su existencia? Situarse en el centro del Universo primero. Hacer de la Tierra SU planeta después, maltratando plantas y animales, en lugar de compartir este maravilloso mundo con ellos. Y no solo eso, sino que unos pocos (unos cuantos millones de personas) ¡tampoco quieren compartirlo con según qué seres humanos!

Durante toda la historia de la humanidad, una minoría poderosa (y que pensaba únicamente en su propio bien) ha sometido a una mayoría pobre, y ha esclavizado y vejado a personas iguales en derechos por su sexo, por el color de su piel o por su religión. Y estas acciones siguen vigentes hoy día, aunque se camuflen con donaciones millonarias a instituciones u organismos solidarios.