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viernes, 9 de mayo de 2025

El color del sentimiento, de Otichiv

¿De qué color es un sentimiento?

La respuesta está en el silencio

en contemplarte y mirarte

en saber que existes 

en poder pensarte

en anochecer soñándote

un sentimiento es amor

pero sin color

sólo el color que tiene el sentirte.



Pero en realidad

el secreto estaba en tu mirada,

la veía reflejada en tus ojos,

lo sentía a través de tu piel,

la escuchaba por medio de tus labios.

El secreto estaba en la fragancia de tu ser,

en tus pasos por esta vida

en todas tus creaciones,

en tu sonrisa.


El secreto estaba en tus manos,

en tu forma de actuar,

tal vez color no tenía,

mucho menos forma

pero contigo lo sentía.

El secreto de ver y sentir el color estaba en tu silencio,

en los días que te tenía a mi lado,

estaba en mis días,

en mis sueños

y

en cada segundo de mi vida contigo.

jueves, 9 de mayo de 2024

A ti, Elvira Sastre

Es una publicación que tengo en borradores desde el 5 de octubre de 2017. Me la he encontrado y bueno, aquí está.

A ti

A ti podría decirte
que si algún día me abandonas
me colocaré delante,
justo en ese preciso lugar
que no te permita nunca
mirar hacia atrás con pena.

A ti podría decirte
que has de saber que ya ocupas mis ojos,
que llevo tu risa incrustada en mis arterias,
que no hay lugar en mi cuerpo en el que no quepa tu pena,
que cuando no tengas un sitio al que volver
pienses que tienes abiertos todos mis huecos.

A ti podría decirte
que si un día te sientes perdida
dentro de ti misma,
daré con la solución a tu laberinto
abriéndome el pecho
y poniéndote delante,
justo en ese lugar donde hablo tanto de ti
que no te costará esfuerzo reconocerte
y volver a encontrarte.

A ti podría decirte
que para mí
cualquier lugar
es mi casa
si eres tú
quien abre
la puerta.

domingo, 31 de marzo de 2024

El último amor, de Vicente Aleixandre

I
Amor mío, amor mío.
Y la palabra suena en el vacío. Y se está solo.
Y acaba de irse aquella que nos quería. Acaba de salir. Acabamos de oír cerrarse la puerta.
Todavía nuestros brazos están tendidos. Y la voz se queja en la garganta.
Amor mío...
Cállate. Vuelve sobre tus pasos. Cierra despacio la puerta, si es que
no quedó bien cerrada.
Regrésate.
Siéntate ahí, y descansa.
No, no oigas el ruido de la calle. No vuelve. No puede volver.
Se ha marchado, y estás solo.
No levantes los ojos para mirarlo todo, como si en todo aún estuviera.
Se está haciendo de noche.
Ponte así: tu rostro en tu mano.
Apóyate. Descansa.
Te envuelve dulcemente la oscuridad, y lentamente te borra.
Todavía respiras. Duerme.
Duerme si puedes. Duerme poquito a poco, deshaciéndote, desliéndote
en la noche que poco a poco te anega.
¿No oyes? No, ya no oyes. El puro
silencio eres tú, oh dormido, oh abandonado,
oh solitario.
¡Oh, si yo pudiera hacer que nunca más despertases!

II
Las palabras del abandono. Las de la amargura.
Yo mismo, sí, yo y no otro.
Yo las oí. Sonaban como las demás. Daban el mismo sonido.
Las decían los mismos labios, que hacían el mismo movimiento.
Pero no se las podía oír igual. Porque significan: las palabras
significan. Ay, si las palabras fuesen sólo un suave sonido,
y cerrando los ojos se las pudiese escuchar en el sueño...

Yo las oí. Y su sonido final fue como el de una llave que se cierra.
Como un portazo.
Las oí, y quedé mudo.
Y oí los pasos que se alejaron.
Volví, y me senté.
Silenciosamente cerré la puerta yo mismo.
Sin ruido. Y me senté. Sin sollozo.
Sereno, mientras la noche empezaba.
La noche larga. Y apoyé mi cabeza en mi mano.
Y dije...
Pero no dije nada. Moví mis labios. Suavemente, suavísimamente.
Y dibujé todavía
el último gesto, ese
que yo ya nunca repetiría.

III
Porque era el último amor. ¿No lo sabes?
Era el último. Duérmete. Calla.
Era el último amor...
Y es de noche

martes, 9 de mayo de 2017

La rosa de El Principito

Fue entonces que apareció el zorro:

- Buen día - dijo el zorro.

- Buen día – respondió cortésmente el principito, que se dio vuelta pero no vio a nadie.

- Estoy aquí – dijo la voz –, bajo el manzano...

- Quién eres ? – dijo el principito. – Eres muy bonito...

- Soy un zorro – dijo el zorro.

- Ven a jugar conmigo – le propuso el principito. – Estoy tan triste...

- No puedo jugar contigo – dijo el zorro. – No estoy domesticado.

- Ah! perdón – dijo el principito.

Pero, después de reflexionar, agregó:

- ¿Qué significa "domesticar" ?

- No eres de aquí – dijo el zorro –, ¿qué buscas?

- Busco a los hombres – dijo el principito. – ¿Qué significa "domesticar"?

- Los hombres – dijo el zorro – tienen fusiles y cazan. ¡Es bien molesto! También crían gallinas. Es su único interés. ¿Buscas gallinas?

- No – dijo el principito. – Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"?

- Es algo demasiado olvidado – dijo el zorro. – Significa "crear lazos..."

- ¿Crear lazos?

- Claro – dijo el zorro. – Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo...

- Comienzo a entender - dijo el principito. – Hay una flor... creo que me ha domesticado...

- Es posible – dijo el zorro. – En la Tierra se ven todo tipo de cosas...

- ¡Oh! No es en la Tierra – dijo el principito.

El zorro pareció muy intrigado:

- ¿En otro planeta?

- Sí.

- ¿Hay cazadores en aquel planeta?

- No.

- ¡Eso es interesante! ¿Y gallinas?

- No.

- Nada es perfecto – suspiró el zorro.

Pero el zorro volvió a su idea:

- Mi vida es monótona. Yo cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen, y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida resultará como iluminada. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los demás. Los otros pasos me hacen volver bajo tierra. Los tuyos me llamarán fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves, allá lejos, los campos de trigo? Yo no como pan. El trigo para mí es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Y eso es triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. ¡Entonces será maravilloso cuando me hayas domesticado! El trigo, que es dorado, me hará recordarte. Y me agradará el ruido del viento en el trigo...

El zorro se calló y miró largamente al principito:

- Por favor...¡domestícame! – dijo.

- Me parece bien – respondió el principito -, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.

- Sólo se conoce lo que uno domestica – dijo el zorro. – Los hombres ya no tienen más tiempo de conocer nada. Compran cosas ya hechas a los comerciantes. Pero como no existen comerciantes de amigos, los hombres no tienen más amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!

- ¿Qué hay que hacer? – dijo el principito.

- Hay que ser muy paciente – respondió el zorro. – Te sentarás al principio más bien lejos de mí, así, en la hierba. Yo te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...

Al día siguiente el principito regresó.

- Hubiese sido mejor regresar a la misma hora – dijo el zorro. – Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. Al llegar las cuatro, me agitaré y me inquietaré; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes en cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Es bueno que haya ritos.

- ¿Qué es un rito? – dijo el principito.

- Es algo también demasiado olvidado – dijo el zorro. – Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días, una hora de las otras horas. Mis cazadores, por ejemplo, tienen un rito. El jueves bailan con las jóvenes del pueblo. ¡Entonces el jueves es un día maravilloso! Me voy a pasear hasta la viña. Si los cazadores bailaran en cualquier momento, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

Así el principito domesticó al zorro. Y cuando se aproximó la hora de la partida:

- ¡Ah! - dijo el zorro... - Voy a llorar.

- Es tu culpa – dijo el principito -, yo no te deseaba ningún mal pero tú quisiste que te domesticara.

- Claro – dijo el zorro.

- ¡Pero vas a llorar! – dijo el principito.

- Claro – dijo el zorro.

- ¡Entonces no ganas nada!

- Sí gano –dijo el zorro – a causa del color del trigo.

Luego agregó:

- Ve y visita nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Y cuando regreses a decirme adiós, te regalaré un secreto.

El principito fue a ver nuevamente a las rosas:

- Ustedes no son de ningún modo parecidas a mi rosa, ustedes no son nada aún – les dijo. – Nadie las ha domesticado y ustedes no han domesticado a nadie. Ustedes son como era mi zorro. No era más que un zorro parecido a cien mil otros. Pero me hice amigo de él, y ahora es único en el mundo.

Y las rosas estaban muy incómodas.

- Ustedes son bellas, pero están vacías – agregó. – No se puede morir por ustedes. Seguramente, cualquiera que pase creería que mi rosa se les parece. Pero ella sola es más importante que todas ustedes, puesto que es ella a quien he regado. Puesto que es ella a quien abrigué bajo el globo. Puesto que es ella a quien protegí con la pantalla. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres para las mariposas). Puesto que es ella a quien escuché quejarse, o alabarse, o incluso a veces callarse. Puesto que es mi rosa.

Y volvió con el zorro:

- Adiós – dijo...

- Adiós – dijo el zorro. – Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

- Lo esencial es invisible a los ojos – repitió el principito a fin de recordarlo.

- Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante.

- Es el tiempo que he perdido en mi rosa... – dijo el principito a fin de recordarlo.

- Los hombres han olvidado esta verdad – dijo el zorro. – Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...

- Soy responsable de mi rosa... - repitió el principito a fin de recordarlo.

Fuente: http://microtop.ca/lepetitprince/capitulo21.html

sábado, 24 de diciembre de 2016

Vuelve, a casa vuelve, por Navidad

Cuando era un niño y veía los anuncios de El Almendro, me preguntaba cómo era eso de "volver a casa", qué significado tenía eso realmente. Cómo es que la gente decide "volver a casa", ¡si yo de mi casa no me voy a ir nunca! Expulsaba inocencia por todos los poros...

Años después, esos anuncios me conmovían, me hacían pensar en cómo me sentiría yo si viviera una situación similar, si algún día me fuera a vivir lejos de mi ciudad...Y aunque no me he ido muy lejos, y podría venir cada fin de semana si quisiera (aunque físicamente me agotaría), siento un gusanillo muy especial. 

Estos días de reencuentros, abrazos, besos, contar anécdotas de esas que sonmuylargaspacontarporwhatsappyatecontarécuandonosveamos...Estar en tu casa, moverte por tu barrio, cenar donde siempre, con los de siempre, lo de siempre...Te recorre de arriba a abajo un torrente de calidez, un sabor a hogar...

Y estos son los pequeños y verdaderos regalos que la vida te da. Estas nuevas sensaciones, este sentir algo especial...¡¡por estar en casa!! No me gusta estar lejos, pero sí haber descubierto, por fin, qué hay de especial en eso de volver por Navidad.

Como hace tiempo escribí, la distancia es muy...bueno, como estamos en Navidad, lo diré suavemente. La distancia es incómoda, pero tiene sus cosas buenas: te hace calibrar y valorar en su justa medida lo que tienes lejos, sea lo que sea.

Gracias a todas esas personas que me quieren y a las que quiero, por haberme brindado y por brindarme tantos momentos especiales en mi vida. A todos y cada uno de vosotros: ¡¡os quiero!! ¡FELIZ NAVIDAD!


lunes, 1 de agosto de 2016

Otro año más en el Hontanar

Otro inolvidable mes de julio que llega a su fin. Como cada año, momentos y personas que permanecerán toda la vida en mi corazón. 

No hay palabras que expresen lo que aquí se siente. Cada acampado y monitor consigue siempre hacerse un hueco en mi memoria. Pasa el tiempo, y los otrora acampados son ahora también premonitores; los premonitores, monitores; y los monitores...bueno, los monitores van ya camino de la jubilación (algunos). 

Me siento muy feliz, y al mismo tiempo, triste. Feliz por ver cómo aquellos indefensos niños y niñas que necesitaban de todos nuestros cuidados y atención están dando paso a jóvenes independientes, alegres y responsables que aprenden y nos enseñan cada día. Triste, porque conforme pasan los años, se acerca el final de esta preciosa etapa en el campamento. Cada año vivido es uno más de experiencias, cariño, convivencia y amor, pero supone también uno menos para el agridulce e inevitable final, pues algún día llegará.

Qué emocionante es verles crecer y crecer tú también con ellos. Qué orgulloso me siento de haber aprendido tanto en este lugar. He cantado, reído, jugado, llorado, me he entregado por completo y he recibido mucho a cambio. Solo espero haber podido sembrar cosas buenas y nunca dejar de saber de todas esas personas con las que cada año soy tan feliz.

Como es habitual verano tras verano, cuando me voy de allí me quedo "vacío": necesito más convivencia, más amor, más Hontanar. Especialmente amarga la despedida de ayer, pues ver llorar desconsoladamente a un chaval de 16 años al que consideras de tu familia (todos en el Hontanar lo somos) no es nada agradable. Se me partía el alma (a mí, a otros monitores, a sus amigos...), pero espero que con el paso de los días vaya a mejor y que no pierda nunca esa felicidad ni esa sonrisa que le caracterizan.

Si las circunstancias lo permiten (y espero que así sea), el año que viene estaré allí de nuevo. ¡Gracias por tanto!


sábado, 14 de mayo de 2016

Lo que no os pude decir

Ayer se graduaron los alumnos de 2º de Bachillerato del Ángel de la Guarda. El día no tendría nada de especial si no fuera porque se trata de mi colegio y de mis alumnos, mis primeros alumnos. La primera promoción con la que he tenido el placer de hacer lo que más me apasiona: educar. 

Aunque muchos ya nos conocíamos del Hontanar, las circunstancias han sido muy distintas, pues el nivel de esfuerzo y estrés al que se ven sometidos en Bachillerato nada tiene que ver con el recreo de 10 días del que disfrutan en el campamento. 

En mi primera experiencia docente, me he encontrado muchas veces haciendo malabares: tratando de equilibrar confianza y disciplina, mostrarme cercano pero firme, buen ambiente personal y de trabajo. Y aunque nunca sabes si estás haciendo las cosas bien, una vez terminada esta etapa, creo que el balance es muy positivo. 

¿Por qué? Porque desde hace unos meses tengo un nudo en el estómago que no se deshace, tan solo de pensar que se me van mis niños. Y es que los conocí cuando ellos eran muy pequeños y yo tenía su edad actual. 

Ha sido tan fácil quererlos, ha merecido tanto la pena cada minuto que he pasado preparando ejercicios, corrigiendo, pensando qué hacer para que aprendieran más y mejor, para que aprovecharan el tiempo, para que fueran madurando...

Ayer, cuando los veía tan formales, tan elegantes, sus fotos de peques y de no tan peques, en el escenario dando un discurso, estaba realmente emocionado, aunque lo disimulé bastante bien. Creo. Estas palabras, que reconozco que no son gran cosa, son fruto de esa emoción contenida. 

Me siento tremendamente orgulloso de ellos, que encima tuvieron el precioso detalle de acordarse, cuando me hicieron subir al escenario, de "el rey del Hontanar y amo de los karaokes", que evidentemente no soy yo. Porque ése, que no soy yo, es una persona maravillosa y que obtiene poco reconocimiento a todo lo que hace, sobre todo por esa capacidad suya de hacer reír a los demás incluso cuando no está del todo bien. Que parezcamos un pack indivisible, "Zipi y Zape" o "Martes y 13", es para mí todo un honor. Hasta en esto estuvieron acertados los alumnos.

En eso, en las palabras de cariño hacia Rosa Mari, Mariluz y sus profesores de Primaria y Secundaria, ya que como ellos mismos reconocen, "sin ellos no estaríamos aquí". Y por supuesto a mis compañeros y amigos de Bachillerato, a quienes dirigieron palabras cargadas de amor. ¡Se lo merecen!

No les voy a poder olvidar nunca, y espero que a partir del año que viene, me cuenten cada pequeño paso que den. Me encantaría que supieran que voy a estar siempre dispuesto a ayudarles en lo que necesiten, que voy a llevarlos siempre conmigo en el día a día.

Gracias por todo lo que me habéis enseñado.


.
Estoy seguro de que llegaréis a buen puerto. ¡Os quiero!

lunes, 9 de mayo de 2016

1ª Carta de San Pablo a los Corintios

Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.

Ya podría tener el don de la profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca.

Corintios 13, 1-7

domingo, 1 de mayo de 2016

Compañeras, de Marwan

Hoy, que se celebra el Día de la Madre, nada mejor para celebrarlo que este vídeopoema de Marwan, que supone un pequeño homenaje a las madres y a las mujeres en general. ¡Se lo merecen!


Gracias, especialmente a ti, mamá.

jueves, 31 de marzo de 2016

Loving can hurt, but...


Photograph

Loving can hurt

Loving can hurt sometimes
But it's the only thing
That I know

And when it gets hard
You know it can get hard sometimes
It is the only thing that makes us feel alive

We keep this love in a photograph
We made these memories for ourselves
Where our eyes are never closing
Hearts are never broken
And times are forever frozen still

So you can keep me
Inside the pocket
Of your ripped jeans
Holdin' me closer
Til our eyes meet
You won't ever be alone
Wait for me to come home

Loving can heal
Loving can mend your soul
And is the only thing
That I know (know)

I swear it will get easier
Remember that with every piece of ya
And it's the only thing we take with us when we die

We keep this love in a photograph
We make these memories for ourselves
Where our eyes are never closing
Our hearts were never broken
And times forever frozen still

So you can keep me
Inside the pocket
Of your ripped jeans
Holdin' me closer
Til our eyes meet
You won't ever be alone

And if you hurt me
Well that's ok baby only words bleed
Inside these pages you just hold me
And I won't ever let you go

Wait for me to come home
Wait for me to come home
Wait for me to come home
Wait for me to come home

Oh you can fit me
Inside the necklace you got when you were 16
Next to your heartbeat
Where I should be
Keep it deep within your soul

And if you hurt me
Well that's ok baby only words bleed
Inside these pages you just hold me
And I won't ever let you go

When I'm away
I will remember how you kissed me
Under the lamppost
Back on 6th street
Hearing you whisper through the phone
Wait for me to come home.

EN CASTELLANO

Qué bonita es esta canción. Y qué bonito el sentimiento que evoca, que se puede manifestar de tantas formas diferentes. Aunque la canción habla más del amor de pareja, las otras expresiones del amor también se revelan. 

Cada vez que la escucho me acuerdo de muchas personas: mi pareja, mis padres, mis amigos, mis alumnos y acampados...y también, especialmente hoy, de mi iaia, ya que esta madrugada hará un año que nos dejó. 

Ay, si descubriéramos todos lo importante (y maravilloso) que es amar y sentir que nos aman. Gracias a todos los que me hacéis sentir querido y a los que os dejáis querer por mí. Gracias a los que me enseñasteis el camino y dejasteis una enorme huella en mí. Gracias a todos en los que pienso mientras escribo esta entrada, porque quereros, me duele, y eso es muy buena señal.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Lo más importante de la vida

Hoy voy a compartir con vosotros algunos extractos de uno de mis libros fetiche: Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom.

Es una historia real basada en las conversaciones que el autor mantiene con un antiguo profesor de Sociología de la Universidad donde estudió: Morrie Schwartz. Cuando se producen los diálogos narrados a lo largo del libro, el profesor se encuentra postrado en la cama, pues sufre una enfermedad terminal. 

Y es aquí donde el testimonio cobra doble valor, pues en una situación crítica distinguimos con más claridad las cosas verdaderamente importantes en la vida. Hablan sobre el amor, la vejez, la amistad, la familia, la muerte, el dinero...Lo que voy a compartir son unas pequeñas pinceladas, pero os animo a leerlo en cuanto podáis.

Ahora que estoy sufriendo, me siento más cerca que nunca de la gente que sufre. Vi el otro día en televisión a la gente de Bosnia que cruzaba la calle, les disparaban, los mataban, víctimas inocentes...y me eché a llorar. Siento su angustia como si fuera la mía propia. ¿Quieres que te diga qué estoy aprendiendo con esta enfermedad? Que lo más importante de la vida es aprender a dar amor y a dejarlo entrar.

¿Por qué te crees que es tan importante para mí oír los problemas de otras personas? ¿Acaso no tengo bastante dolor y sufrimiento propios? [en sus últimos años de vida recibía cartas de gente con problemas e intentaba ayudarles] Claro que los tengo, pero lo que me hace sentirme vivo es dar a los demás. No es mi coche ni mi casa. No es mi aspecto cuando me miro al espejo. Cuando doy mi tiempo, cuando puedo hacer sonreír a alguien que se sentía triste, me siento todo lo sano que puedo sentirme. Haz las cosas que te salen del corazón. Cuando las hagas, no estarás insatisfecho, no tendrás envidia, no desearás las cosas de otra persona. Por el contrario, lo que recibirás a cambio te abrumará.

Esta cultura no te anima a pensar en estas cosas hasta que estás a punto de morirte. Estamos absortos en asuntos egocéntricos: en nuestra carrera profesional, en tener dinero, en pagar la hipoteca, en comprarnos un coche nuevo, en arreglar el radiador cuando se rompe...Pequeños actos que solo sirven para salir adelante. No adquirimos la costumbre de contemplar nuestras vidas desde fuera y decirnos ¿esto es todo? ¿Es esto todo lo que quiero? ¿Me falta algo?

Cuando se despiden, Albom expresa su miedo a olvidarse de su querido profesor, de sus enseñanzas, de los momentos vividos juntos. Entonces, mantienen este corto pero emotivo diálogo:

-Mitch, ¿y todo lo que estamos hablando? ¿No oyes a veces mi voz cuando estás en casa? ¿En el avión? ¿En el coche?
-Sí.
-Entonces no me olvidarás cuando me haya ido. 

Mientras podamos amarnos los unos a los otros y recordar el sentimiento de amor que hemos tenido, podemos morirnos sin marcharnos del todo nunca. Todo el amor que has creado sigue allí. Todos los recuerdos siguen allí. Sigues viviendo en los corazones que has conmovido y que has nutrido mientras estabas aquí.

¿Tenemos los profesores el anhelo de la "eternidad", de perdurar por siempre en los alumnos en cuyas almas nos hemos hecho un hueco? Quizá. O quizá sea simplemente el deseo de conmover, de amar y dejarse amar por esos espíritus puros que ambicionan, por encima de todo, ser felices. ¡Como nosotros!

domingo, 31 de enero de 2016

Y tú, ¿qué mundo quieres?

Comparto aquí este poema para celebrar el día escolar de la paz (que fue ayer). Que nos sirva de faro y nos guíe en 2016 y en años venideros para tratar de construir este mundo. 

Yo quiero un mundo 
donde con las miradas
se puedan conquistar corazones,
donde no se necesiten balas,
armas ni municiones.

Yo quiero un mundo
donde no existan rencores,
envidias ni injusticias,
donde las diferencias
se resuelvan con una sonrisa.

Yo quiero un mundo 
donde el amor
se reparta sin condiciones,
sin importar la raza, 
el sexo ni las convicciones.

Yo quiero un mundo
donde no haya lugar para la
xenofobia, el desprecio y el racismo,
donde se ame al prójimo
como a uno mismo.

Yo quiero un mundo
donde los ladrones 
solo roben sonrisas,
donde los asesinos
solo maten de risa.

Yo quiero un mundo
donde la palabra Guerra 
no exista...
y de una vez por todas,
acabe reinando la poesía.

Sergio de Sa

domingo, 15 de noviembre de 2015

Pensemos con el corazón

Conmocionado todavía por los atentados de París y asustado por las posibles consecuencias de estos repulsivos actos voy a utilizar, como siempre, este espacio como salida de escape.

Lo primero que me gustaría hacer es sumarme al dolor de todas las víctimas y de sus familiares y amigos, tanto de Francia como del Líbano, donde también sufrieron un terrible atentado el 13-N.

En segundo lugar, quiero expresar, sin que haya malentendidos, mi "alegría" por ver a tantas personas unidas, ofreciendo su casa, su coche, sumándose todos, formando uno contra el enemigo común que representa el odio de unas personas miserables. Me hace recuperar la fe en la humanidad, en que todavía hay gente buena, sensible y llena de amor por el mundo. 
Aprovecho para darnos un tirón de orejas general a todos, pues estos atentados nos han noqueado por completo y sin embargo las tragedias en el Líbano, Siria y en otros muchos países del globo pasan mucho más desapercibidas. Supongo y entiendo que es una reacción natural que nos preocupemos más de lo que pasa cerca de nuestra casa que de lo que pasa dos calles más abajo pero debemos tratar de sensibilizarnos con todo aquel que sufra, esté donde esté, pues eso también es humano. 

En tercer lugar, me gustaría tratar de aportar mi granito de arena a evitar que la xenofobia se extienda por Occidente y culpemos de los actos terroristas a gente tan inocente e indefensa como nosotros ante estos ataques. En estos dos días he oído y leído auténticas barbaridades que me dan asco y vergüenza. Solo pido reflexionar profundamente sobre lo ocurrido, y que tengamos en cuenta que nunca nadie ha apagado un incendio con gasolina ni tampoco con más fuego.

Son momentos muy difíciles, muy duros para todos, y por eso actuar con cierta "frialdad" es difícil, pero hay que buscar soluciones pacíficas al conflicto. Hay que perseguir de forma implacable a estos asesinos, investigar, buscarlos allá donde se escondan pero nunca nunca nunca bombardear ni arrasar países/regiones aleatoriamente, pues por un lado mataríamos inocentes, y por otro, generaríamos el caldo de cultivo perfecto para que nacieran nuevos radicales que se sumaran a cualquier grupo terrorista.
Sin eximirlos de ninguna culpa, pues lo que han hecho, lo que hacen y lo que seguirán haciendo no tiene justificación, los que se suicidaron son las primeras víctimas. Personas que los verdaderos culpables adoctrinaron desde niños o que no tenían un rumbo en la vida y fueron hábilmente manipulados. Personas que han entregado su vida, de valor incalculable, a cometer atrocidades contra otros seres humanos, a crear miedo, horror, a destrozar otras vidas...

Por favor, seamos prudentes, pensemos con el corazón. Una vez más, he escuchado la palabra utopía cuando he tratado de defender que esto no se gana con las armas, pero la realidad es que la solución a cualquier conflicto es que todos luchemos por construir pequeños espacios utópicos llenos de paz y amor que se sumen unos a otros y acaben siendo tan grandes que no haya ni un solo resquicio de rencor ni de odio. A gran escala, solo, no voy a poder solucionar nada, pero si alguien más se atreviera y tratara de sacar y expresar todo el amor que lleva dentro, sí. Además, fomentando el odio hacia otros seres humanos por su color, raza o religión las cosas solo pueden empeorar.

Por último, también me han dicho que si alguno de mis familiares hubiera fallecido no pensaría lo mismo, y quizá tengan razón, no lo sé, y espero no verme en esa situación. Eso sí, si en algún momento me ocurriera alguna tragedia similar, que ya digo que espero que no, ojalá fuera capaz de mantener este mismo mensaje. Sería una forma de comprobar si me creo lo que digo o hablo por hablar. Superar el odio o el rencor es una materia harto difícil, y dice mucho y bueno de quien lo consigue.

Ojalá todo el mundo construyendo utopías. Mejorar el mundo está en nuestras manos. Por desgracia, romperlo en pedacitos también. No entremos en el juego del terror.




lunes, 27 de julio de 2015

Decir adiós

Decir adiós siempre es complicado. Lo es más aún si es para siempre, pero no es nada sencillo cuando durante un mes ríes, lloras, te agotas y amas con las mismas personas.

Una vez más hemos disfrutado de un campamento espectacular. Para mí ha sido muy especial, porque siempre lo he vivido con personas con las que quizá ya no lo vuelva a experimentar, y ese sabor agridulce de satisfacción por el trabajo bien hecho y tristeza por las posibles despedidas no me ha dejado indiferente.

Además, este año he tenido el gusto de conocer más y mejor a algunos de los acampados y he encontrado personas muy interesantes. Muy buena gente. Hay que ver lo que te pueden aportar y sorprender niños en plena formación y otros más cercanas a la adultez.

Como siempre, he vuelto con una sensación de plenitud desmedida. Con ganas de amar. Hambre de seguir trabajando con gente como estos acampados. De que me enseñen y de que aprendan. Deseo de seguir conviviendo con ellos, de verles crecer, desarrollarse, prosperar.

Doy gracias por tener una profesión que me permite estar en contacto con jóvenes y poder dar y recibir afecto, conocimientos y reflexiones. Gracias, gracias, gracias.

Hablaba al principio de lo difícil que es decir adiós. Por eso no puedo decirlo. Todavía no.

sábado, 6 de junio de 2015

La gente bella no surge de la nada

"Las personas más bellas con las que me he encontrado son aquellas que han conocido la derrota, conocido el sufrimiento, conocido la lucha, conocido la pérdida y han encontrado su forma de salir de las profunidades. Estas personas tienen una apreciación, una sensibilidad y una comprensión de la vida que los llena de compasión, humildad y una profunda inquietud amorosa. La gente bella no surge de la nada".
 Elisabeth Kubler-Ross           

miércoles, 20 de mayo de 2015

La vuelta al mundo contigo


Y yo no sé si eres el amor de mi vida,
no tengo ambiciones más allá que buscar,
en el fondo de tu cuerpo playas perdidas,
donde la rutina no nos pueda encontrar.

No se trata de cronometrar cuánto tiempo,
tengo otro concepto sobre la eternidad,
es ese momento en el que se juntan dos cuerpos
ese instante en el que todo puede pasar.

Me da igual un día, un año, un siglo, no sé si me entiendes
yo no busco calma busco que tu alma de saltos al verme.
Y hoy lo que quiero es decirte que el mundo contigo se entiende,
que cuando me miras de frente me besa en los ojos la suerte.

Lo que quiero es dar la vuelta al mundo contigo,
verte libre en Cuba y darte paz en Bagdag
y si no hay avión te subirás a mi ombligo,
y sobrevolaremos juntos la soledad.

Luego tiraremos con un beso los muros,
porque nunca habrá tanto amor en la ciudad,
no sé cuanto tiempo pero ten por seguro,
que la tristeza va a tener que esperar.

Me da igual un día, un año, un siglo, no sé si me entiendes
yo no busco calma busco que tu alma de saltos al verme.
Y hoy lo que quiero es decirte que el mundo contigo se entiende,
que cuando me miras de frente me pesa en los ojos la suerte.

Me da igual un día, un año, un siglo, no sé si me entiendes
yo no busco calma busco que tu alma de saltos al verme.
Lo único que quiero es decirte que el mundo contigo se entiende,
que cuando me miras de frente me besa en los ojos la suerte.


¿Tú me entiendes?

sábado, 9 de mayo de 2015

Definiendo el amor, de Francisco de Quevedo

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde, con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero parasismo;
enfermedad que crece si es curada.

Este es el niño Amor, éste es su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario a sí mismo!

Francisco de Quevedo


Cuatro son los puntos cardinales; cuatro, los elementos de la naturaleza; cuatro, las estaciones del año; cuatro, los sabores del paladar; cuatro, las fases lunares; y cuatro, las hojas del trébol de la suerte...

Cuatro, ¿eh?

Te quiero.

jueves, 19 de marzo de 2015

¡Feliz día del padre!

El día de hoy no deja de ser una excusa para decirle a tu padre cosas bonitas, aunque puedas hacerlo durante todo el año. Hoy me voy a dejar arrastrar porque me apetece.

Papá, tengo muchas cosas que agradecerte, pero voy a intentar ser lo más breve posible para no aburrir a los telespectadores. 

Desde que tengo conciencia de vida, sé que te has dejado la piel y mucho más para cuidarme, protegerme y hacerme feliz, pero sé que desde mucho antes, también lo hacías.

Cuando te veo entretener a los niños pequeños, prepararles un bocadillo o llevarlos a coscoletas me siento muy orgulloso de ti, y observándote aprendo a tratar con ellos en el colegio o en el campamento.

Cuando te veo llegar a casa cansado, después de una larguísima jornada laboral, me enseñas a ser responsable, sacrificado y a dar lo mejor de mí siempre que llevo a cabo cualquier trabajo.

Cuando te ríes por cualquier tontería que hago, aprendo a ser feliz siempre y bajo cualquier circunstancia. A que hay que procurar reír siempre y en cualquier situación, en lugar de llorar.

Cuando te pones pesado y me preguntas dónde voy, con quién, me dices que me abrigue más, que te llame al móvil si pasa cualquier cosa, y yo te respondo que síiiiiii, no seas pesado o déjame tranquilo, y tú me devuelves una sonrisa, me das una lección de paciencia y amor incondicional.

Cuando me llevas o me traes del aeropuerto, me lavas el coche por sorpresa, te preocupas por saber cómo me ha ido el día o me preparas la cena, me das más muestras todavía de ese amor altruista que mejor expresan los papás y las mamás.

Por ser un modelo de integridad, de justicia, de honradez, de sacrificio, de bondad...por ser, en definitiva, un espejo en el que debo mirarme y en el que me miro con tal de intentar ser mejor persona cada día. 

Por ser una de las mejores muestras de que se es feliz amando a los demás, haciendo de su felicidad, la tuya.

Porque cada vez que alguien alaba mi forma de ser en realidad te lo está diciendo a ti.

Todos los días son buenos para celebrar que tú eres mi padre y que estás conmigo, pero hoy me ha dado por escribir aquí.

Te quiero, papá.


sábado, 7 de marzo de 2015

El Hontanar

La palabra "hontanar", según la RAE, significa "sitio en el que nacen fuentes o manantiales". No podría estar más de acuerdo. 

Hoy, cuando algunos de los primeros acampados que tuve a mi cargo ya son universitarios o casi, me doy cuenta de cómo ha pasado el tiempo. Y de la cantidad de recuerdos que se entremezclan y que yo a veces no sé ni ordenar cronológicamente. 

Allí, en ese rincón perdido en la montaña, he tenido trato con tantas y tantas personas...Empezaré por esos pequeños acampados que quizá ya no me recuerden, pero que me enseñaron una de las primeras "reglas" del amor: entregarte a los demás. Me dijeron "cánsate, preocúpate, desgañítate, porque soy solo un niño, estoy a tu cargo y solo voy a estar pendiente de mí para divertirme". Y lo hice. En el fondo por puro egoísmo: para recibir un abrazo o una sonrisa, por ver su alegría al encontrar su cantimplora perdida,y por la sensación de que estás haciéndole un bien a alguien, que eres útil, que estás vivo.

Allí, en ese rincón perdido en la montaña, he conocido a personas, entonces compañeros, hoy grandes amigos, que también me enseñaron cosas sobre el amor. Me dijeron "vete a dormir, ya lo hago yo", "¿te ayudo?" y "gracias". De todos y cada uno de los que han pasado por allí, guardo recuerdos inolvidables que han construido una parte de mi vida, que me han moldeado y que estarán conmigo siempre. Porque, para bien o para mal, estas personas han contribuido a que sea como soy y a que sea como seré.

Allí, en ese rincón perdido en la montaña, "nacen fuentes o manantiales", sí, "de amor". Y es que en mayor o menor medida, los que han estado, los que estamos, y los que estarán, somos el caudal que emana del hontanar. 

Un lugar, el Hontanar, que seguirá siendo fuente de amor y nacimiento de manantiales de amor mientras quienes vayamos allí tengamos claro que allí (y en cualquier parte), de lo que se trata, no es más que de ser feliz haciendo felices a los demás. 

Sé que algún día, todavía no sé cuándo, me iré. Pero eso no me entristece, porque significa que algún día, todavía no sé cuándo, volveré.

sábado, 3 de agosto de 2013

Carta de amor

Todavía recuerdo con cariño aquellos primeros recreos. Desde bien pequeños, tuvimos una conexión especial.

A ti fue a la primera a la que tiré de las coletas, la primera a la que quité su muñeca y salí corriendo, la primera a la que daba empujoncitos en la fila.

También fuiste la primera con la que compartí mis chucherías, la primera por la que no jugué al fútbol en el recreo, y la primera a la que dejé copiarse los deberes.

Poco a poco compartimos clases, juegos, excursiones, acampadas...Aprendimos juntos a leer, multiplicar y a saltar el potro en gimnasia. Nos fuimos haciendo mayores. Juntos, de la mano.

Me convertí en tu mejor amigo. Te convertiste en mi mejor amiga. Nos hicimos inseparables. Tú eras mi confidente, y yo el tuyo, aunque a decir verdad, tú siempre tuviste muchas más cosas que contar, y yo, por tanto, muchos más secretos que guardar. Llorabas apoyada en mi hombro, mientras yo intentaba consolarte porque aquél chico, aquel estúpido chico, te había roto el corazón.

Para ser justos, reímos juntos muchas más veces de las que lloramos, aunque sean las lágrimas las que más huella dejen en nuestro corazón.

Te quise siempre, aunque no me di cuenta hasta mucho tiempo después. Solo tú tenías hueco en mi corazón. Por eso siempre fracasé en el amor. Quizá por eso tú también naufragaste tantas veces, porque en tu interior, solo cabía yo.

Quizá también por eso pasó lo que pasó. Sin que ninguno de los dos lo buscara, surgió. Dimos un paseo por el centro, y cuando, de vuelta, te acompañé hasta el portal de tu casa, sentí el irrefrenable impulso de besarte. No supe sino con los años, de dónde había aflorado esa energía. Jamás me he vuelto a sentir tan vivo como cuando tú, tras un instante de asombro y una dulce sonrisa, apretaste tus labios contra los míos y conseguiste que el mundo dejara de girar.

Qué bonito es estar enamorado y ser correspondido, porque nuestro amor, suave y tierno sentimiento, llegó tras una intensa y sincera amistad. ¿Cuánto tiempo llevábamos enamorados? Difícil saberlo, aunque me atrevo a decir que desde el principio.

Desde ese primer y único beso (no porque fuera el último, sino porque ya nunca hubo otro igual), todo nos fue bien. Paseos por la playa, excursiones a la montaña, tardes de cine, comidas, cenas, intercambio de libros, reflexiones vitales...

Recuerdo con especial cariño cuando hace dos semanas, estuvimos comentando que de aquí a cinco o seis años nos casaríamos, en cuanto los dos tuviéramos trabajo. ¡Hasta decidimos el nombre de nuestro primer hijo! Y eso que no estábamos 'embarazados'...

No sabes cuánto te echo de menos. Fuiste la primera y serás la última. Tú has sido, eres y serás el gran amor de mi vida.

Cuídame desde ahí arriba, no tardaré mucho en llegar.

Te amo, princesa.