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lunes, 14 de julio de 2014

Hoy habla Mahatma Gandhi

Hoy he terminado de leer la autobiografía de Gandhi, que empecé a leer a sorbitos a principios de 2013. Y comparto con vosotros la conclusión de su libro. Es imposible compartir cada una de las lecciones y reflexiones de este gran personaje histórico, pero no puedo resistirme a guardarme para mí esta reflexión final. Os daréis cuenta de la sencillez que emana de sus palabras. No os podéis imaginar lo alucinante que resulta leer de su puño y letra muchos de sus logros mediante la desobediencia civil y la no-violencia como si fueran algo fácil de conseguir, como si estuvieran al alcance de cualquiera. Y lo poquito que nos hace falta a nosotros para encumbrarnos...
Ahí va:


Estoy cada vez más convencido de que la naturaleza humana es más o menos la misma, cualquiera que sean los climas en donde florezca, y si te diriges a las gentes con afecto y confianza, se te devolverán ese afecto y esa confianza multiplicados por mil. 

Yo sé que muchos se llaman artistas y son reconocidos como tales y, sin embargo, en su trabajo no hay trazas de la elevación e inquietud del alma. Pienso que puedo prescindir enteramente de las formas externas para la realización de mi alma. Hay un poder misterioso e indefinible que impregna todas las cosas. Yo lo siento aunque no lo vea. Es ese poder invisible que se hace sentir, y sin embargo elude toda prueba porque no se asemeja en nada a lo que percibo mediante los sentidos. Creo, literalmente, que ni un tallo de hierba crece o se mueve sin la voluntad de Dios. Él está más cerca de nosotros que la uña de la carne.

Me pregunto si conseguiré dominar mis pasiones. Temo las pugnas venideras y conmigo mismo. ¿Podré alcanzar mi objetivo? Sé que mi camino se halla sembrado de problemas y dificultades y habré de recurrir a los mayores esfuerzos de humildad, en un intento máximo de purificación para que si lo que mi esforzado sentimiento proclama ante el lector que el único medio para la realización de la Verdad es ahimsa*, tendré que aceptar que todo mi trabajo al escribir estos capítulos ha sido vano. Y si mis esfuerzos en este sentido no han de rendir sus frutos, sepa el lector que esto prueba que el instrumento es falso, y no el gran principio. Después de todo, por más sinceras que hayan sido mis búsquedas de ahimsa, no dejaron de ser imperfectas e inadecuadas. Los chispazos de verdad que he podido entrever y transmitir, apenas si pueden expresar la luz maravillosa que emerge de la Verdad, un millón de veces más intensa que la del sol que diariamente ven nuestros ojos. Pero lo poco que he obtenido, bien puedo decirlo, es un resultado de todas mis experiencias, que me han indicado que una visión perfecta de la Verdad únicamente puede responder a una realización completa de ahimsa.

Para contemplar cara a cara al Espíritu de la Verdad, uno debe ser capaz de amar la menor expresión de la creación como a uno mismo. Y un hombre que aspira a eso no puede permanecer fuera de cualquier manifestación de la vida. Por ello, mi devoción a la Verdad me llevó al campo de la política; y puedo afirmar sin el menor asomo de duda, y por supuesto con toda humildad, que aquellos que sostienen que la religión nada tiene que ver con la política no conocen el significado de la religión.

La identificación con todo lo que vive es imposible sin una autopurificación; sin autopurificación la observancia de la ley de ahimsa no resulta más que un sueño vacío; Dios nunca puede ser comprendido por quien no es puro de corazón. Autopurificación, por lo tanto, debe implicar una purificación en todos los aspectos de la vida. Y la purificación de uno, debe, necesariamente, llevar a la purificación de quienes lo rodean.

Pero el camino de la purificación es difícil y pausado. Para alcanzar la perfecta pureza, es necesario liberar totalmente de los elementos pasionales el pensamiento, la palabra y la acción; estar por encima de opuestos como odio y amor, atracción y repulsión. No ignoro que aún no he alcanzado esa triple pureza, a pesar de que constantemente vivo buscándola. Se me ocurre que el dominio de las más sutiles pasiones y deseos resulta más difícil que la conquista del mundo por la fuerza de las armas. Desde mi regreso a la India he tenido experiencias con las pasiones que duermen en mí. El comprobar esto me ha humillado, pero no vencido.

Las experiencias realizadas me han sostenido y llenado de felicidad, pero sé que aún tengo ante mí un camino lleno de dificultades. Debo reducirme a cero. Hasta tanto un hombre, por propia voluntad, no se considere el último entre las otras criaturas, no hay salvación para él. Ahimsa es el más lejano límite de la humildad.

Al despedirme del lector, por lo menos por el momento, le ruego que se una a mí en una oración al Dios de la Verdad, para que me permita alcanzar la ahimsa en la mente, en la palabra y en la acción.

*Ahimsa: no-violencia, sin ejercer violencia alguna.

sábado, 31 de agosto de 2013

Sobre la desobediencia civil

¿Qué es eso de la desobediencia civil? Es una pregunta que me surgió hace unos cuantos meses, cuando acciones como las del alcalde de Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo, quien – y voy a transcribir lo que dice la Wikipedia sobre aquella acción para ser lo más objetivo posible sobre los hechos – sustrajo alimentos de primera necesidad en dos grandes superficies comerciales (Mercadona y Carrefour).

Pues bien, citando de nuevo a la Wikipedia, copio y pego la definición de desobediencia civil:
La desobediencia civil puede definirse como “cualquier acto o proceso de oposición pública a una ley o una política adoptada por un gobierno establecido, cuando el autor tiene conciencia de que sus actos son ilegales o de discutible legalidad, y es llevada a cabo y mantenida para conseguir unos fines sociales concretos”.

¡Vaya! Así que se trata de oponerse públicamente a algo “para conseguir unos fines sociales concretos”. ¿Y esto causó tanto alboroto?

En mi opinión, el revuelo que se montó tuvo mucho que ver primero, con el personaje, por tener una ideología tan definida, poniéndose en su contra automáticamente las personas con ideas contrarias; segundo, con las formas, porque quizá, por lo visto en las grabaciones, alguno de los participantes en la sustracción se excedió con empujones a algún empleado; y tercero, porque a los representantes de la oligarquía económica que realmente rige este país (y el mundo en general), no les interesa un pueblo que sepa que la desobediencia civil es un arma pacífica más con la que luchar contra las medidas injustas que están llevándole a la ruina. No quieren un pueblo agitado.

Primera cuestión a tratar: el personaje y las formas. Sí, ser tan descaradamente de izquierdas (cosa que no es ni buena ni mala en sí misma) perjudicó, en mi opinión, a Sánchez Gordillo, ya que de entrada, la no-neutralidad causó rechazo en una parte importante de la población, incluso de gente a la que él estaba defendiendo con ese acto. Esa imagen de Robin Hood – como si él se hubiera impuesto tal sobrenombre – creada de forma interesada por los medios, controlados por la oligarquía mencionada anteriormente, le hizo en mi opinión bastante daño. ¿Y las formas? Lo mismo de siempre. Basta que alguien no se sepa comportar para que una acción de protesta, como una manifestación o, en este caso, la desobediencia civil, queden intencionadamente manchados.

La segunda cuestión es para mí mucho más importante: los intereses. Intereses en desacreditar a cualquiera que se oponga a la esclavitud moderna a la que sus acciones nos están conduciendo. A cualquiera capaz de mover masas y de sacudir conciencias.

Por si tenéis alguna duda sobre la acción en sí, os diré que Marthin Luther King y Mahatma Gandhi, entre otros, utilizaron la desobediencia civil para luchar por los derechos de los negros en EEUU el primero, y por los de los indios en Sudáfrica (antigua colonia inglesa), el segundo.

¿Sánchez Gordillo? NS/NC. ¿Desobediencia civil? Rotundamente, sí. No nos quedemos con el personaje, que no quiero entrar a valorar. No nos quedemos con el “robo” a un supermercado. Quedémonos con el trasfondo del asunto. Seamos conscientes de que esto es una forma más de lucha, y que, aunque nos parezca errónea en su ejecución o en su forma, es algo completamente lícito. Y no solo lícito, sino NECESARIO en situaciones como las que atravesamos.

PD: Si os interesa, os recomiendo encarecidamente que leáis este artículo sobre la desobediencia civil. Es una joya.