sábado, 24 de diciembre de 2016

Vuelve, a casa vuelve, por Navidad

Cuando era un niño y veía los anuncios de El Almendro, me preguntaba cómo era eso de "volver a casa", qué significado tenía eso realmente. Cómo es que la gente decide "volver a casa", ¡si yo de mi casa no me voy a ir nunca! Expulsaba inocencia por todos los poros...

Años después, esos anuncios me conmovían, me hacían pensar en cómo me sentiría yo si viviera una situación similar, si algún día me fuera a vivir lejos de mi ciudad...Y aunque no me he ido muy lejos, y podría venir cada fin de semana si quisiera (aunque físicamente me agotaría), siento un gusanillo muy especial. 

Estos días de reencuentros, abrazos, besos, contar anécdotas de esas que sonmuylargaspacontarporwhatsappyatecontarécuandonosveamos...Estar en tu casa, moverte por tu barrio, cenar donde siempre, con los de siempre, lo de siempre...Te recorre de arriba a abajo un torrente de calidez, un sabor a hogar...

Y estos son los pequeños y verdaderos regalos que la vida te da. Estas nuevas sensaciones, este sentir algo especial...¡¡por estar en casa!! No me gusta estar lejos, pero sí haber descubierto, por fin, qué hay de especial en eso de volver por Navidad.

Como hace tiempo escribí, la distancia es muy...bueno, como estamos en Navidad, lo diré suavemente. La distancia es incómoda, pero tiene sus cosas buenas: te hace calibrar y valorar en su justa medida lo que tienes lejos, sea lo que sea.

Gracias a todas esas personas que me quieren y a las que quiero, por haberme brindado y por brindarme tantos momentos especiales en mi vida. A todos y cada uno de vosotros: ¡¡os quiero!! ¡FELIZ NAVIDAD!


viernes, 9 de septiembre de 2016

Las vueltas que da la vida

Siempre he escuchado que la vida da muchas vueltas, que no se sabe lo que te depara el futuro, que en el momento más inesperado tu vida da un giro tan grande que no sabes ni dónde tienes los pies...y francamente, no tenía tan claro que esto era muy real hasta que lo he vivido recientemente en mis propias carnes.

La historia la conocéis muchos de los que me leéis, prácticamente casi todos, pero la cuestión es que me voy de un sitio donde quiero estar dando un salto en el vacío, confiando en que algo encontraré. Primero busqué donde ya tenía media vida, y donde presumiblemente no sería difícil encontrar trabajo. Con lo grande que es Barcelona, algo encontrarás. Qué iluso. 

Fue un largo verano en el que solo una empresa se puso en contacto conmigo para explotarme, a lo que me negué. No soy mucho de aceptar humillaciones o castigos por amor al arte. Prefiero afrontar un problema de cara, coger el toro por los cuernos, tratar de solucionarlo incluso yéndome de mi casa para evidenciar que algo falla y que tiene arreglo. ¿Qué? Lo tengo muy claro, pero esa decisión no me corresponde a mí.

Todo esto en cuanto a las dificultades a la hora de encontrar trabajo, porque la decisión de marcharme no fue fácil. Saber que estás renunciando a disfrutar en clase de alumnos a los que quieres como si fueran de tu familia, a los que has visto crecer; que renuncias a convivir con personas a las que quieres, compañeros y amigos con los que eres feliz, a los que no querrías abandonar; renunciar al lugar donde aprendiste a amar y donde sientes que está tu hogar; y sobre todo, yo diría que lo más doloroso, saber que en tu casa, se quedan algunas personas  (por suerte, pocas) que ni valoran dónde ni con quién están ni a las personas a las que van a educar. Duele que quien solo mira por su propio bien, sin importar nada más, se quede, y tú te vayas. Mucho.

Superado ese dolor, una vez decidido que tienes que abandonar, que será mejor para todos (a largo plazo), te das de bruces con la frustración de no encontrar trabajo y no poder completar tu plan. Pero como en la vida siempre debe haber un plan B (y un C y un D y etc.) ya que nunca hay que rendirse ni conformarse, das un nuevo giro a tu decisión inicial y te quedas. Te preparas la oposición, das clases particulares, y arreglao'.

Sin embargo, y como he dicho al principio, este verano he aprendido que eso de que la vida da muchas vueltas es cierto, y es que de nuevo, tenía una sorpresa. Dos entrevistas de trabajo el mismo día. Una de Alicante, otra de Barcelona. Sin duda, por lo interesante del proyecto, por lo que puedo aprender allí y porque, insisto, allí tengo media vida, Barcelona era mucho más apetitoso, aunque también mucho más difícil. Y no sé cómo, pero voy a acabar allí. Qué suerte he tenido, finalmente.

Sentimentalmente, corazón dividido. Muchas razones para irme y también para quedarme. Alumnos, acampados, amigos, mi peñita, familia...voy a hacer todo lo posible por aprovechar esta oportunidad que se me presenta, pero no penséis que os voy a olvidar y no voy a acordarme de vosotros cada día. Trataré de veros siempre que me sea posible, y voy a esforzarme porque sea muchas veces. Muchas. Porque os quiero.

Y como el futuro es incierto, os voy a decir algo más. Algún día, seguramente volveré. A Alicante, claro, y a mi cole, por qué no. Entonces, habrá quien me pregunte: "¿Después de todo este tiempo?". Y yo les contestaré: "Siempre".

miércoles, 7 de septiembre de 2016

La desigualdad

Os dejo con una poesía que escribí cuando tenía unos 9-10 añitos sobre la desigualdad. No seáis muy duros conmigo, por favor.

Los ricos merecen menos,
los pobres merecen más,
los ricos siempre dormidos,
y los pobres no pueden descansar.

Los ricos son glotones,
los pobres buenos hombres,
si miras en sus corazones,
los pobres son los mejores.

Los ricos son muy quejicas,
cuando algo les quitan,
y los pobres no se quejan
ni a la mínima cosita.

Los ricos tienen de todo
y aun así se quejan mucho,
los pobres no tienen nada
y un trozo de pan para ellos es un tesoro.

jueves, 25 de agosto de 2016

El crimen está allí, de Jaime Sabines

El crimen está allí,
cubierto de hojas de periódicos,
con televisores, con radios, con banderas olímpicas.

El aire denso, inmóvil,
el terror, la ignominia.
alrededor las voces, el tránsito, la vida.
Y el crimen está allí.

Jaime Sabines

lunes, 1 de agosto de 2016

Otro año más en el Hontanar

Otro inolvidable mes de julio que llega a su fin. Como cada año, momentos y personas que permanecerán toda la vida en mi corazón. 

No hay palabras que expresen lo que aquí se siente. Cada acampado y monitor consigue siempre hacerse un hueco en mi memoria. Pasa el tiempo, y los otrora acampados son ahora también premonitores; los premonitores, monitores; y los monitores...bueno, los monitores van ya camino de la jubilación (algunos). 

Me siento muy feliz, y al mismo tiempo, triste. Feliz por ver cómo aquellos indefensos niños y niñas que necesitaban de todos nuestros cuidados y atención están dando paso a jóvenes independientes, alegres y responsables que aprenden y nos enseñan cada día. Triste, porque conforme pasan los años, se acerca el final de esta preciosa etapa en el campamento. Cada año vivido es uno más de experiencias, cariño, convivencia y amor, pero supone también uno menos para el agridulce e inevitable final, pues algún día llegará.

Qué emocionante es verles crecer y crecer tú también con ellos. Qué orgulloso me siento de haber aprendido tanto en este lugar. He cantado, reído, jugado, llorado, me he entregado por completo y he recibido mucho a cambio. Solo espero haber podido sembrar cosas buenas y nunca dejar de saber de todas esas personas con las que cada año soy tan feliz.

Como es habitual verano tras verano, cuando me voy de allí me quedo "vacío": necesito más convivencia, más amor, más Hontanar. Especialmente amarga la despedida de ayer, pues ver llorar desconsoladamente a un chaval de 16 años al que consideras de tu familia (todos en el Hontanar lo somos) no es nada agradable. Se me partía el alma (a mí, a otros monitores, a sus amigos...), pero espero que con el paso de los días vaya a mejor y que no pierda nunca esa felicidad ni esa sonrisa que le caracterizan.

Si las circunstancias lo permiten (y espero que así sea), el año que viene estaré allí de nuevo. ¡Gracias por tanto!