lunes, 27 de julio de 2015

Decir adiós

Decir adiós siempre es complicado. Lo es más aún si es para siempre, pero no es nada sencillo cuando durante un mes ríes, lloras, te agotas y amas con las mismas personas.

Una vez más hemos disfrutado de un campamento espectacular. Para mí ha sido muy especial, porque siempre lo he vivido con personas con las que quizá ya no lo vuelva a experimentar, y ese sabor agridulce de satisfacción por el trabajo bien hecho y tristeza por las posibles despedidas no me ha dejado indiferente.

Además, este año he tenido el gusto de conocer más y mejor a algunos de los acampados y he encontrado personas muy interesantes. Muy buena gente. Hay que ver lo que te pueden aportar y sorprender niños en plena formación y otros más cercanas a la adultez.

Como siempre, he vuelto con una sensación de plenitud desmedida. Con ganas de amar. Hambre de seguir trabajando con gente como estos acampados. De que me enseñen y de que aprendan. Deseo de seguir conviviendo con ellos, de verles crecer, desarrollarse, prosperar.

Doy gracias por tener una profesión que me permite estar en contacto con jóvenes y poder dar y recibir afecto, conocimientos y reflexiones. Gracias, gracias, gracias.

Hablaba al principio de lo difícil que es decir adiós. Por eso no puedo decirlo. Todavía no.

lunes, 29 de junio de 2015

Tu risa, de Pablo Neruda

"Quítame el pan si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.

No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de plata que te nace.

Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí
todas las puertas de la vida.

Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.

Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.

Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría".

Pablo Neruda

sábado, 6 de junio de 2015

La gente bella no surge de la nada

"Las personas más bellas con las que me he encontrado son aquellas que han conocido la derrota, conocido el sufrimiento, conocido la lucha, conocido la pérdida y han encontrado su forma de salir de las profunidades. Estas personas tienen una apreciación, una sensibilidad y una comprensión de la vida que los llena de compasión, humildad y una profunda inquietud amorosa. La gente bella no surge de la nada".
 Elisabeth Kubler-Ross           

viernes, 22 de mayo de 2015

El país de Todoirábien

Érase una vez un niño que soñaba con conocer el país de Todoirábien. Su único problema era que no sabía llegar, así que decidió preguntar. 

Consultó en su pueblo, donde le aconsejaron visitar las casas de viaje. Estas eran unas casas especiales, que te permitían llegar tan rápido como quisieras al lugar que desearas (o al menos eso prometían). Eso sí, la pega que tenían estos hogares viajeros era que solo podían utilizarse cada 4 años, pero eso no le desanimó. Así pues, ilusionado, decidió partir en busca de dichas casas. Algunos paisanos le recomendaron ir a la casa azul, y otros a la casa roja, y como no sabía cuál de las dos escoger, lanzó una moneda al aire. El azar quiso que visitara primero la casa roja. 

Allí, le recibió una señora con una rosa en la mano, que además tenía un jardín precioso, lleno de ejemplares de tal linda flor. Olía tan bien allí, parecía todo tan limpio y la casa tan bonita y bien decorada, que sintió que había acertado en su elección. La mujer le invitó a pasar, y le aseguró que, llevado en volandas por sus maravillosas rosas, podría llegar a Todoirábien

-Has hecho bien en recurrir a mí y no en ir a la casa azul -le dijo la mujer-. Allí todo lo que dicen son mentiras. 

Entonces él, que confiaba plenamente en la palabra de esta en apariencia noble señora, se dejó llevar. Malgastó su ilusión y su energía en este viaje, que al final no le llevó a ninguna parte.

Decepcionado, volvió a casa, y esperó 4 años a poder volver a intentar realizar su viaje, jurándose a sí mismo que ya no volvería a la casa roja, sino que le daría su oportunidad a la azul. Pasado el tiempo de espera, por fin pudo poner rumbo a la casa azul, donde le recibió un ornitólogo que tenía a su cuidado cientos y cientos de gaviotas. 

-¡Por supuesto! Con mis gaviotas, cualquier obstáculo se puede superar. Sé muy bien lo que me hago, tengo mucha experiencia en vuelo y no hay nadie en el mundo mejor en esto que yo. No soy un farsante, como la señora roja.

Si bien es cierto que la casa azul era en apariencia algo más fea que la roja, estaba todo muy bien ordenado, y el ornitólogo le causó muy buena impresión. Parece un hombre muy serio y responsable. De nuevo, depositó su confianza en una tercera persona y una vez más, quedó decepcionado. Las aves no fueron capaces de llevarle a buen puerto. Así que volvió a su casa triste y desolado, pues en el pueblo no le habían dicho que hubiera alguna otra forma de llegar a su destino, y pensaba que jamás lograría conocer Todoirábien

Se prometió que jamás volvería a intentar viajar con el ornitólogo, que le daría una segunda oportunidad a la señora roja. Sin embargo, durante muchos años, estuvo intentando llegar a su ansiado destino, alternando la casa azul y la roja, saliendo siempre triste tras cada nuevo intento.

Finalmente, se dijo que no había nada que hacer, que intentaría llegar a pie. Comenzó su caminata y, de pronto, al pie de una montaña lejana, vio algunas casas de viaje que no conocía: una era naranja amarillenta, otra lila, había una verde y otra naranja más fuerte. Había incluso más, de colores que no lograba distinguir, incluso una magenta semiderruida, que parecía deshabitada. Se le iluminaron los ojos y volvió corriendo al pueblo a contárselo a sus vecinos.

-¡Oye! ¡He visto otras casas de viaje más allá de nuestro valle! ¡Intentaré cumplir mi sueño allí! ¿Queréis venir?
Recibió respuestas de todo tipo:
-No, aquellos son unos engañabobos.
-¿Para qué? Si son todos iguales...
-¡Puff! ¿Una casa lila? Se parece un montón a la casa de Ladronzuela, ¿la recordáis?
-Me da un poco de miedo el camino, la verdad. Prefiero no moverme de aquí. ¿Y si llegamos allí y resulta que todo era mentira?

Nuestro protagonista, a pesar de oír comentarios como estos, y muchos más, decidió apostar por el cambio. Ya estaba bien de dejarse engañar siempre por los mismos. ¿Por qué no probar algo nuevo? Al fin y al cabo, y por mucho que le dijeran, él ya sabía que con la señora roja y el ornitólogo no iba a llegar a ningún lado, no podía perder nada por intentarlo...

FIN

Einstein decía que estar loco era hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes. 

Arriesgar y equivocarse no es de locos O inconscientes. Elegir mal por enésima vez y a conciencia, igual sí.

Espero que pase lo que pase el domingo, no ganen ellos, sino los ciudadanos. Si queremos, podemos cambiar las cosas. Pero tenemos que querer.

¡Suerte!

miércoles, 20 de mayo de 2015

La vuelta al mundo contigo


Y yo no sé si eres el amor de mi vida,
no tengo ambiciones más allá que buscar,
en el fondo de tu cuerpo playas perdidas,
donde la rutina no nos pueda encontrar.

No se trata de cronometrar cuánto tiempo,
tengo otro concepto sobre la eternidad,
es ese momento en el que se juntan dos cuerpos
ese instante en el que todo puede pasar.

Me da igual un día, un año, un siglo, no sé si me entiendes
yo no busco calma busco que tu alma de saltos al verme.
Y hoy lo que quiero es decirte que el mundo contigo se entiende,
que cuando me miras de frente me besa en los ojos la suerte.

Lo que quiero es dar la vuelta al mundo contigo,
verte libre en Cuba y darte paz en Bagdag
y si no hay avión te subirás a mi ombligo,
y sobrevolaremos juntos la soledad.

Luego tiraremos con un beso los muros,
porque nunca habrá tanto amor en la ciudad,
no sé cuanto tiempo pero ten por seguro,
que la tristeza va a tener que esperar.

Me da igual un día, un año, un siglo, no sé si me entiendes
yo no busco calma busco que tu alma de saltos al verme.
Y hoy lo que quiero es decirte que el mundo contigo se entiende,
que cuando me miras de frente me pesa en los ojos la suerte.

Me da igual un día, un año, un siglo, no sé si me entiendes
yo no busco calma busco que tu alma de saltos al verme.
Lo único que quiero es decirte que el mundo contigo se entiende,
que cuando me miras de frente me besa en los ojos la suerte.


¿ me entiendes?