sábado, 14 de mayo de 2016

Lo que no os pude decir

Ayer se graduaron los alumnos de 2º de Bachillerato del Ángel de la Guarda. El día no tendría nada de especial si no fuera porque se trata de mi colegio y de mis alumnos, mis primeros alumnos. La primera promoción con la que he tenido el placer de hacer lo que más me apasiona: educar. 

Aunque muchos ya nos conocíamos del Hontanar, las circunstancias han sido muy distintas, pues el nivel de esfuerzo y estrés al que se ven sometidos en Bachillerato nada tiene que ver con el recreo de 10 días del que disfrutan en el campamento. 

En mi primera experiencia docente, me he encontrado muchas veces haciendo malabares: tratando de equilibrar confianza y disciplina, mostrarme cercano pero firme, buen ambiente personal y de trabajo. Y aunque nunca sabes si estás haciendo las cosas bien, una vez terminada esta etapa, creo que el balance es muy positivo. 

¿Por qué? Porque desde hace unos meses tengo un nudo en el estómago que no se deshace, tan solo de pensar que se me van mis niños. Y es que los conocí cuando ellos eran muy pequeños y yo tenía su edad actual. 

Ha sido tan fácil quererlos, ha merecido tanto la pena cada minuto que he pasado preparando ejercicios, corrigiendo, pensando qué hacer para que aprendieran más y mejor, para que aprovecharan el tiempo, para que fueran madurando...

Ayer, cuando los veía tan formales, tan elegantes, sus fotos de peques y de no tan peques, en el escenario dando un discurso, estaba realmente emocionado, aunque lo disimulé bastante bien. Creo. Estas palabras, que reconozco que no son gran cosa, son fruto de esa emoción contenida. 

Me siento tremendamente orgulloso de ellos, que encima tuvieron el precioso detalle de acordarse, cuando me hicieron subir al escenario, de "el rey del Hontanar y amo de los karaokes", que evidentemente no soy yo. Porque ése, que no soy yo, es una persona maravillosa y que obtiene poco reconocimiento a todo lo que hace, sobre todo por esa capacidad suya de hacer reír a los demás incluso cuando no está del todo bien. Que parezcamos un pack indivisible, "Zipi y Zape" o "Martes y 13", es para mí todo un honor. Hasta en esto estuvieron acertados los alumnos.

En eso, en las palabras de cariño hacia Rosa Mari, Mariluz y sus profesores de Primaria y Secundaria, ya que como ellos mismos reconocen, "sin ellos no estaríamos aquí". Y por supuesto a mis compañeros y amigos de Bachillerato, a quienes dirigieron palabras cargadas de amor. ¡Se lo merecen!

No les voy a poder olvidar nunca, y espero que a partir del año que viene, me cuenten cada pequeño paso que den. Me encantaría que supieran que voy a estar siempre dispuesto a ayudarles en lo que necesiten, que voy a llevarlos siempre conmigo en el día a día.

Gracias por todo lo que me habéis enseñado.


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Estoy seguro de que llegaréis a buen puerto. ¡Os quiero!

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