sábado, 4 de febrero de 2017

El so del silenci, per filferro

Hi ha coses que només les pots canviar pensant, d'altres que només les pots canviar actuant, però les coses que simplement has d'assumir i que no pots canviar, són les que es treballen des del silenci.


El so del silenci

Vella amiga la foscor
torno a ser aquí perquè parlem
Una visió s’ha arrossegat suament
i ha plantat una llavor dins meu
i la visió germinant al meu cap segueix
aquí, en el so del silenci

He caminat en somnis sol
per carrers adoquinats
sota el llum de la negre nit
sento el fred, sento la humitat
em colpeja els ulls un llum de neó
i obre la nit, i la quietud comença

Sota la lluna incadescent
deu mil persones, potser més
Gent que parla i que no diu res
Gent que escolta però que no hi sent
Gent que escriu cançons del què mai
compartiran ni gosaran, trencar el silenci

Il·lusos els hi vaig dir jo
i que el silenci us faci grans
Ja sé que no puc ensenyar
però us dono la mà per arribar
I el què vaig dir, el temps ho ha dil·luit
en el record,
en el so del silenci.

El sonido del silencio

Vieja amiga la oscuridad
vuelvo a estar aquí para que hablemos
Una visión se ha deslizado suavemente
y ha plantado una semilla dentro de mí
y la visión germinando mi cabeza 
sigue aquí, en el sonido del silencio

He caminado solo en sueños
por calles adoquinadas
bajo la luz de la negra noche
siento el frío, siento la humedad
me golpea los ojos una luz de neón
y abre la noche, y la quietud comienza

Bajo la luna incandescente
diez mil personas, quizá más
Gente que habla y no dice nada
Gente que escucha pero que no oye
Gente que escribe canciones de aquello que nunca
compartirán ni gozarán, romper el silencio

Ilusos les dije yo
y que el silencio os haga grandes
Ya sé que no os puedo enseñar
pero os doy la mano para llegar.
Y lo que dije, el tiempo lo ha diluido
en el recuerdo,
en el sonido del silencio.

domingo, 8 de enero de 2017

Nada como tú, Nueva York

Llevaba mucho tiempo queriendo conocerte, y esta Navidad, por fin nos han presentado. Hemos tenido nuestros más y nuestros menos, pero no cabe duda de que ha merecido la pena.

No hay nada como pasear por tus calles mirando constantemente al cielo, tratando de adivinar el final de los rascacielos que inundan Manhattan. Calles llenas de vida por esas luces que iluminan cada rincón y esos cristales que lo reflejan todo. Nada como tus simpáticos y (casi) siempre amables habitantes.

No hay nada como perderse por Central Park, conocer Chinatown, Little Italy o el Soho, Coney Island, Richmondtown o las famosas misas góspel en Harlem, así como tener miedo de pisar Bronx. Nada como el homenaje a las víctimas del 11-S: solemne, emotivo, conmovedor...

No hay nada como cruzar el puente de Brooklyn para disfrutar de sus hermosas vistas, de los famosos barrios a rebosar de luces navideñas y sentirte constantemente dentro de una película. Nada como conocer pequeños trazos de tu menuda historia, ni como asistir a uno cualquiera de tus grandiosos espectáculos.

Claro que tampoco hay nada como evidenciar tu falta de inversión en aceras y carreteras, lo triste y malcuidado de tu transporte público o la escasa (o inexistente) actuación de tu policía ante las flagrantes y continuadas infracciones de tráfico.

No hay nada como observar que estás muy preocupada por lo grande, por lo monumental, por lo faraónico, pero que te importan muy poco tus peones, tus hormigas, tus esclavos.

No hay nada como el ritmo de vida frenético que se ve obligado a llevar quien te coge de la mano, nada como esos salarios injustos que completan las famosas "tips" (propinas) ni como esos ghettos que generas al permitir que la gente conviva contigo pero no que viva dentro de ti.

Nueva York, nada como haberte conocido para saber que ir a verte merece la pena, pero que para vivir, mucho mejor aquí.