viernes, 22 de mayo de 2015

El país de Todoirábien

Érase una vez un niño que soñaba con conocer el país de Todoirábien. Su único problema era que no sabía llegar, así que decidió preguntar. 

Consultó en su pueblo, donde le aconsejaron visitar las casas de viaje. Estas eran unas casas especiales, que te permitían llegar tan rápido como quisieras al lugar que desearas (o al menos eso prometían). Eso sí, la pega que tenían estos hogares viajeros era que solo podían utilizarse cada 4 años, pero eso no le desanimó. Así pues, ilusionado, decidió partir en busca de dichas casas. Algunos paisanos le recomendaron ir a la casa azul, y otros a la casa roja, y como no sabía cuál de las dos escoger, lanzó una moneda al aire. El azar quiso que visitara primero la casa roja. 

Allí, le recibió una señora con una rosa en la mano, que además tenía un jardín precioso, lleno de ejemplares de tal linda flor. Olía tan bien allí, parecía todo tan limpio y la casa tan bonita y bien decorada, que sintió que había acertado en su elección. La mujer le invitó a pasar, y le aseguró que, llevado en volandas por sus maravillosas rosas, podría llegar a Todoirábien

-Has hecho bien en recurrir a mí y no en ir a la casa azul -le dijo la mujer-. Allí todo lo que dicen son mentiras. 

Entonces él, que confiaba plenamente en la palabra de esta en apariencia noble señora, se dejó llevar. Malgastó su ilusión y su energía en este viaje, que al final no le llevó a ninguna parte.

Decepcionado, volvió a casa, y esperó 4 años a poder volver a intentar realizar su viaje, jurándose a sí mismo que ya no volvería a la casa roja, sino que le daría su oportunidad a la azul. Pasado el tiempo de espera, por fin pudo poner rumbo a la casa azul, donde le recibió un ornitólogo que tenía a su cuidado cientos y cientos de gaviotas. 

-¡Por supuesto! Con mis gaviotas, cualquier obstáculo se puede superar. Sé muy bien lo que me hago, tengo mucha experiencia en vuelo y no hay nadie en el mundo mejor en esto que yo. No soy un farsante, como la señora roja.

Si bien es cierto que la casa azul era en apariencia algo más fea que la roja, estaba todo muy bien ordenado, y el ornitólogo le causó muy buena impresión. Parece un hombre muy serio y responsable. De nuevo, depositó su confianza en una tercera persona y una vez más, quedó decepcionado. Las aves no fueron capaces de llevarle a buen puerto. Así que volvió a su casa triste y desolado, pues en el pueblo no le habían dicho que hubiera alguna otra forma de llegar a su destino, y pensaba que jamás lograría conocer Todoirábien

Se prometió que jamás volvería a intentar viajar con el ornitólogo, que le daría una segunda oportunidad a la señora roja. Sin embargo, durante muchos años, estuvo intentando llegar a su ansiado destino, alternando la casa azul y la roja, saliendo siempre triste tras cada nuevo intento.

Finalmente, se dijo que no había nada que hacer, que intentaría llegar a pie. Comenzó su caminata y, de pronto, al pie de una montaña lejana, vio algunas casas de viaje que no conocía: una era naranja amarillenta, otra lila, había una verde y otra naranja más fuerte. Había incluso más, de colores que no lograba distinguir, incluso una magenta semiderruida, que parecía deshabitada. Se le iluminaron los ojos y volvió corriendo al pueblo a contárselo a sus vecinos.

-¡Oye! ¡He visto otras casas de viaje más allá de nuestro valle! ¡Intentaré cumplir mi sueño allí! ¿Queréis venir?
Recibió respuestas de todo tipo:
-No, aquellos son unos engañabobos.
-¿Para qué? Si son todos iguales...
-¡Puff! ¿Una casa lila? Se parece un montón a la casa de Ladronzuela, ¿la recordáis?
-Me da un poco de miedo el camino, la verdad. Prefiero no moverme de aquí. ¿Y si llegamos allí y resulta que todo era mentira?

Nuestro protagonista, a pesar de oír comentarios como estos, y muchos más, decidió apostar por el cambio. Ya estaba bien de dejarse engañar siempre por los mismos. ¿Por qué no probar algo nuevo? Al fin y al cabo, y por mucho que le dijeran, él ya sabía que con la señora roja y el ornitólogo no iba a llegar a ningún lado, no podía perder nada por intentarlo...

FIN

Einstein decía que estar loco era hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes. 

Arriesgar y equivocarse no es de locos O inconscientes. Elegir mal por enésima vez y a conciencia, igual sí.

Espero que pase lo que pase el domingo, no ganen ellos, sino los ciudadanos. Si queremos, podemos cambiar las cosas. Pero tenemos que querer.

¡Suerte!

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